lunes, 8 de mayo de 2017

VÁMONOS HACIENDO ...

Cuando don Amador Murguía Blancarte me nombró jefe del Departamento de Análisis de Crédito de la sucursal Guadalajara, que de alguna manera abarcaba parte de lo que después se hicieron cargo la Gerencia Regional y luego la Dirección Divisional correspondientes, en lugar de Juan Ramírez Méndez y en vez de mandarme, a lo que iba destinado, a la calle como investigador de crédito supliendo a José Guadalupe García Ochoa, me encomendaba ya como Subcontador, varios asuntos que recaían, aparte de su cartera propia en las de los subgerentes Joaquín Ruiz Fernández y Alfredo Bué Vázquez, y luego en lugar del primero al irse a abrir la gerencia de la urbana Vallarta, de Miguel Belmán Torres, de quien eran más frecuentes las encomiendas.
Había, como lo menciono en Guadalajara Uno y en Un gerente excepcional, el caso del cliente de crédito venido a menos Rafael Flores y Flores que en sus ranchos agrícolas por varias razones fuera de su control: malos temporales de lluvias e invasión de sus terrenos por paracaidistas ejidales con  los que estaba en litigio, y otros de menor importancia, habían provocado su caída a cartera vencida en el banco.
El señor Flores tenía además varias propiedades urbanas en Guadalajara en el barrio de San Juan de Dios, colindantes en lo que fue la antigua Plaza de Toros El Progreso, que el gobierno estatal de Flavio Romero de Velasco no le acababa de indemnizar como terrenos que formarían parte de la Plaza Tapatía. Esto obviamente lo conocía don Amador y, aparte de la confianza que le tenía como cliente, le había estado concediendo algunos préstamos directos indispensables para mantenerlo a flote.
Circunstancia con la que don Leopoldo Morales Solórzano primer director de la Gerencia Regional Guadalajara, no estaba de acuerdo y en repetidas ocasiones tajantemente había indicado que el caso se fuera a juicio. A la repetida orden escrita me indicó el Sr. Murguía que la guardara y luego me dictaba la respuesta. Varios días después al revisar pendientes me repitió lo mismo. Al repetirse la misiva drástica de don Leopoldo, a mi pregunta, me dijo simplemente hazte y yo con mi sentido un tanto bronco de la dignidad, le contesté de rebote inmediato ¡¿cómo que hazte!? Y él igualmente: ¡Bueno … vámonos haciendo!       
Con la indemnización aludida, las cuentas de don Rafael quedaron pagadas a toda cabalidad, don Amador acrecentó su estatura gerencial, y aminorada un tanto la de don Leopoldo Morales. En tanto, por gestión de mi entrañable jefe, estaba ya desempeñando mi cargo de contador en Tepic, Nay., ante, afortunadamente, otro gerente de calidad don Gilberto Sarmiento Maldonado. En las ocasiones que me tocó venir a Guadalajara, la sucursal ya en el nuevo espléndido nuevo edificio de Av. Juárez 237, ocurría a saludar a don Amador, quien me repetía que “no me dejaba curar parado” y lo mismo cuando después, ya avanzado de edad lo visitaba en su casa de la colonia Providencia.

sábado, 6 de mayo de 2017

UN IMBERBE DE FUERA

Cuando en mayo de 1961 don Amador Murguía Blancarte, mi gerente, gran gerente, en la sucursal Guadalajara, en lugar de enviarme a la calle como investigador de crédito para sustituir en dicho trabajo a José Guadalupe García Ochoa en el Departamento de Análisis de Crédito, me nombró jefe del mismo en sustitución de Juan Ramírez Méndez, como describo en el artículo Banamex Guadalajara Uno; al no aceptar la dirección general del banco promoverme, a su propuesta, a principios de 1963, para contador e incluso subgerente de sucursal porque oficialmente no había tenido ninguno de los dos cargos en las respetivas áreas, no obstante ocupar en Atotonilco varias veces los departamentos de la sucursal y colaborado con las gerencias significativamente (véase Banamex Atotonilco) me nombró, advirtiéndome que si aceptaba sería por unos cuantos meses, tercer sub contador atrás de Huber Nava Cabrera y la güerita Abigail Martínez, bajo la tutela del contador Herminio Michel Neaves. A la postre tres meses después estaba recibiendo la contaduría de la sucursal Tepic, Nayarit.
Me enteré a tras mano que la Srta. Martínez, a quien había conocido años atrás en un día de campo al que con otros compañeros había ido a Atotonilco, expresó que cómo a un imberbe lo ponían a su nivel. Por supuesto no hice comentario alguno, pero a mi estilo trabajé muy bien en mis atribuciones, incluyendo actividades que le mejoraron sus áreas de responsabilidad. Un día después de labores me llamó a su escritorio para comentarme sus falsas impresiones ofreciéndome disculpas. Que estaba al tanto de mi sobresaliente carrera en el banco, incluyendo mi actuación en crédito de ahí mismo, que por tanta gente en la sucursal no se había dado cuenta, y por supuesto lo de Atotonilco. Le contesté que me había enterado inmediatamente de su expresión y que así era y había sido siempre mi manera de trabajar, que por ningún motivo se preocupara, que la conocía desde el paseo al que había asistido en la huerta Las Corrientes de don Lorenzo V. Valle en Atotonilco.
En los citados tres meses, en que la sucursal estuvo “transitoriamente” en la primera planta de la finca de enfrente de Maestranza a Corona por la Av. Juárez, en tanto el banco y el ingeniero Struck dirimían sus diferencias, de algo así como dos años, para levantar la construcción del nuevo y actual edificio (desafortunadamente ya enajenado) llevé a buen fin otras funciones.
No siendo ya mi responsabilidad, don Amador me encargaba algunos asuntos de la gerencia de los que en algunos había tomado parte, así como otros diferentes (ver relatos Un gerente excepcional y Vámonos haciendo...) En una ocasión cuando Herminio Michel quería correr sin más preámbulos a Roberto Rojas Flores, encargado del departamento de Cartera, en que le había precedido Antonio Figueroa Gallegos, porque se venían arrastrando omisiones importantes en los cobros de intereses mensuales en créditos millonarios de la empresa Productos de Trigo, me encargó que lo acompañara a hablar con los propietarios. Se aclaró muy amigablemente un error de dos días en las escalas de números para calcular sus pagos a cajeros ambulantes en fines de semana, que al banco ingresaban hasta el lunes siguiente, que Roberto Rojas había heredado en su departamento. Herminio Michel ya ni pío dijo. 
Un poco después de llegar a Guadalajara, por ahí de junio o julio de 1961, había ingresado al banco, muy joven, la Srta. Reyna Concepción Velasco, hermosa como ella sola. Herminio Michel la destinó al conmutador ubicado en uno de los peores rincones del inmundo local que ocupábamos. Sin estar todavía bajo sus órdenes en contaduría sino en mi departamento de crédito, me atreví a decirle que estaba cometiendo un error y desperdicio teniéndola  escondida y arrumbada, que era para presumirla a la vista del público. Al contestarme que era porque todavía no sabía nada del banco, le impartí el curso básico de capacitación, de los varios que junto con otros compañeros enseñábamos en la institución. A ella luego le perdí la pista y ahora, añales después, nos acompaña seguido a las reuniones de los primeros martes de mes del grupo que manejo desde enero de 1996.            
En otra ocasión, ya estando en la sub contaduría, un muchacho ayudante de departamento, del que no puedo recordar su nombre, me comentó que en la Caja de Ahorros y Auxilios no le querían autorizar un préstamo a corto plazo. Confirmé que tenía derecho al mismo,  reconsultando el manual correspondiente, que por cierto todavía conservo; lo acompañé con el Sr. Pedro González Vaca, funcionario encargado de la autorización correspondiente. De entrada le soltó autoritariamente que ya le había dicho que no; y al meter mi cuchara de  por qué no y refutar, porqué ya lo dije, no tuvo más que hacer buches y olvidarse en esa ocasión, ante el reglamento, de su cuadratura recalcitrante y sin más autorizar la solicitud.   
José Guadalupe García Ochoa, con quien llevé siempre una cercana amistad; así como Herminio Michel Neaves, vivían en la colonia Independencia del oriente norte de la ciudad.
Al iniciar mi vida de casado, vivimos unos meses en una casita totalmente nueva, chiquita, ubicada en Marsella Norte 388 (luego Manuel M. Diéguez) esquina con Herrera y Cairo, que era propiedad del Dr. Amado Saavedra López, resultando que las primeras rentas se presentó a cobrarlas un salaz y desgraciado “El Sope" Hernández, popular en la bohemia de segunda tapatía, sobrino de don Heliodoro Hernández Loza, que mi esposa mandó al diablo y así para estar cerca de la señora Petrita García Estrada, hermana de mi suegra y segunda mamá de mi mujer, nos  cambiamos a Montes Urales 1027 a la vuelta de Monte Ajusco 588 de la tía. Herminio Michel vivía en Chimborazo también a una cuadra y Lupe García a una mano de distancia, con quien desde un principio convine en pagarle los traslados diarios al banco, por cierto en un  carrito  Chevrolet de dos puertas que en Banamex bautizaron como el avispón verde por su color. Todavía, por unos meses, antes de irme a Tepic, me tuve que cambiar a la misma Chimborazo porque la dueña de Montes Urales, que también era una casita nueva, me la pidió para un familiar.      

jueves, 4 de mayo de 2017

DURMIENDO DE PIE EN EL CAMIÓN

Al destinarme por fin Banamex a Guadalajara en mayo de 1961, los sábados en la tarde, todavía trabajábamos ese día, me regresaba a Atotonilco con mi familia y a ver a mi prometida ya pedida Teresa de Jesús Gutiérrez García. La boda, ya concertada se realizó  el sábado 19 de agosto a las 6 de la tarde en la parroquia de San Miguel, siendo ésta la  primera por la tarde, pues antes se podía sólo hasta las doce horas. La ofició mi entrañable amigo el Sr. Cura José de la Torre Rueda, regresándose convaleciente de una operación de cadera en Houston, Texas (ver relato homónimo)  
Como el tiempo de estadía en nuestro Jardín de Jalisco era realmente corto, me regresaba a Guadalajara hasta el lunes pero muy temprano. Tomaba un camión a las 5 de la mañana, ya fuera de Omnibus de Oriente o de La Piedad de Cabadas, que andaban siempre a la greña a mata caballo y de Atotonilco alternaban sus salidas cada media hora, por lo que cada quince minutos se podía subir al uno o al otro. Me tocaba siempre ir de pie al salir ocupados todos los asientos, al no alcanzar los lugares separados para Atotonilco por tomas de pasaje en el trayecto del viaje correspondiente. Me quedaba dormido sobre uno de mis brazos colgado del tubular del techo del autobús. El recorrido era de una hora, a lo más una quince, quedándome bastante margen para desayunar y entrar a mi trabajo a más tardar a las 8, una hora antes como siempre acostumbré hacerlo.
En una ocasión una señora que a Atotonilco llegó dormida, después de pasar Zapotlanejo ya en las goteras de Guadalajara, me preguntó si ya mero llegábamos a La Piedad; al contestarle que estábamos por llegar a Guadalajara, se quería morir y qué iba a hacer; no se preocupe va a tener que tomar en la central rápidamente una corrida hacia México hasta La Piedad; salen muy seguido y usted nomás llega un poco después.
Las citadas corridas, cuando eran desde la ciudad de México sólo hacían determinadas paradas y no “ranchaban” como las demás. Vi muchos casos en los que los ocupantes pedían bajarse en sus ranchos o casas rurales, incluso hasta con pistola en mano, obligaban al chofer, aunque no en todos los casos, a hacer su voluntad. Esto se presentaba muy seguido al  entrar a Tlaquepaque.    

lunes, 1 de mayo de 2017

ACCIONES MALÉVOLAS DE ALGUNAS PERSONAS OPORTUNISTAS

Salvador Gómez Neri funcionando como cajero en la sucursal Independencia Guadalajara de Banamex, de la que fui gerente de mediados de septiembre de 1970 al 30 de abril de 1974, le certificó en un depósito en efectivo $40,000.00 en vez de $4,000.00 al cliente Jesús, cuyo apellido no recuerdo, dueño de la Mueblería Santa María, ubicada en Belisario Domínguez esquina, creo, con Industria en el barrio de San Martín del Sector Libertad de Guadalajara, que el cliente infamemente hizo que Banamex le reconociera.
La gerencia que me sucedió en esta sucursal no hizo prácticamente nada al respecto para evitar el abuso del cuentahabiente y menos exonerar al empleado del pago, que para todo mundo era injusto y una vil ratería. El simple error fue agregarle un dígito o decimal a las  tabulaciones de la sumadora Burroughs de las diferentes denominaciones de billetes recibidos que daban la suma exacta recibida y no diez veces más. Si hubiera estado todavía a mi cargo la sucursal hubiera hecho todo lo posible para enderezar el entuerto.
El caso fue, seguramente con otros similares, motivo para que BNM eliminara las certificaciones mencionadas en el procedimiento que se seguía. Ahora con  los sistemas electrónicos tan avanzados la situación es muy diferente, pero sin embargo no deja de generar problemas a veces mucho más serios.
Salvador Gómez Neri se salió luego del banco, transformándose en agente de ventas, actividad en que incluso realizó un tiempo en mi empresa Mexicana de Libros y luego por su cuenta, pero algo disminuido en sus quehaceres. Posteriormente le vino un padecimiento psicosomático serio del que no se ha podido recuperar.        
Cambiando de escenarios y de actores, este tipo de daños malévolos se practican en nuestro medio y país, desafortunadamente, a manos llenas por un número extenso de personas y de asuntos, en connivencia con las autoridades que nos gobiernan.    

viernes, 28 de abril de 2017

BANAMEX ATOTONILCO BIS precisiones previas a la salida a Guadalajara

Aunque lo menciono en los relatos Banamex Atotonilco y Guadalajara Uno, deseo ampliar datos y circunstancias por las que después de siete años en la primera, el banco por fin me tomara en cuenta y le diera luz verde al desarrollo de mi carrera.
Ya tenía prácticamente siete años de antigüedad y la mayor parte de estos de ofrecimientos fallidos de mis gerentes para continuar la carrera en ascenso en otras encomiendas, para las que ya estaba preparado, pues había recorrido todos los departamentos en que se integraba la operación  bancaria de BNM, dando vacaciones, por ausencias y por el gusto de cooperar con todos, en lugar de que lo hiciera, brincándolo, José Silva Carranza, que como volante le hubiera correspondido. Solamente en una sucursal chica y lugar tan apropiado como Atotonilco, se podía aprender, queriendo, tan rápidamente.   
Estos departamentos de servicio, no los de los funcionarios de la sucursal, eran Cobrador, Cartera, Cobranzas, Cambios, Cuentas Corrientes, y Volante para ejercer las funciones que en su lugar yo hacía; el puesto de Secretaria de la Gerencia, único femenino, así como el de sirviente u Office Boy, se consideraban aparte. Los de funcionarios eran Gerente, Contador y Cajero Principal.
Cuando ingresé a principios de junio de 1954, José Silva Carranza que había ingresado al banco tres años antes desde el cargo de empleado en la proveedora abarrotera La Colmena de la que me hice cargo a finales de 1951 (relato Mi trabajo en La Colmena) tomó en ese momento el cargo de Volante, y los de Contador y Cajero Principal, Enrique Moncada Hernández, supliendo a Ignacio García Garcia promovido a Tampico, Tamaulipas, y José Guadalupe Pérez Serrano, no estoy muy seguro si a Andrés Lecuanda Arreola. El gerente era don Urbano Díaz Aguirre, quien desde que ingresé a La Colmena me estuvo invitando, realmente rogando, que me fuera al banco (ver Banamex Atotonilco)
El gerente precedente y que inauguró la sucursal el domingo 5 de febrero de 1950 en un evento con la crema y nata atotonilquense e inició al público el lunes 6, en su primer domicilio de 16 de Septiembre y Prisciliano Sánchez, fue Raúl Morales González, y después del Sr. Díaz Aguirre, como emergente Carlos Mendoza Casasa, por tres meses mientras llegaba Antonio Billión Vidal que a su tiempo le entregó a Salvador Dávalos Gutiérrez y éste a Rafael Esqueda Garibay, que fue quien por fin junto con Roberto de la Rosa Nuño, lograron sacarme de Atotonilco a la sucursal Guadalajara, el 15 de mayo de 1961, a un cargo nuevo y desconocido, después que desde fines de 1955, cuando tenía sólo un año tres meses de antigüedad, el Sr. Díaz me quiso llevar, como ayudante de contador, a su nueva gerencia en la sucursal La Paz, B.C. que era la No. 9 del Banco del Pacífico fusionado por BNM; pero Antonio Billión Vidal, nuevo gerente titular, no me dejó, poniendo de pretexto, vil pretexto, mi poco tiempo en el banco, cuando sabía que había pasado por todos los departamentos y era un apoyo para él, en el conocimiento de la clientela.  
Durante su suplencia el Sr. Mendoza, que ya estaba a punto de jubilarse, solamente cubrió de pasadita el expediente en una sucursal que necesitaba muy poco para manejarse, en virtud, sin falsa modestia, del personal que la conformábamos. Sin embargo tuvo un desaguisado en una visita de inspección de gerencia del Sr. Joaquín Ruiz Fernández de la sucursal Guadalajara, que hacía en la zona las veces de gerencia regional, cuando aún no existían éstas ni las direcciones divisionales. En el desconocimiento de varios clientes y personajes base de la sucursal, oficiosamente les estuve proporcionando sus datos, incluso formular conjuntamente con ellos un listado integral de éstos; circunstancia que asombró al Sr. Ruiz, pero que, lo reconozco, mi toque involuntario de cierta arrogancia, en un funcionario que de eso pecaba con demasía, no fue tal vez calificado como debiera.    
El titular del puesto Antonio Billión Vidal, provenía de la sucursal en Ciudad Juárez que un poco antes había sufrido un asalto violento que anímicamente lo perjudicó mucho, y sus secuelas las vino a desahogar en una sucursal y ciudad de gran tranquilidad apropiada para recuperarse, pero a la vez muy festiva, cosa esta última que a la postre lo perjudicó. Al caso se acuñó el dicho de que habían robado un  millón pero habían dejado un billón.        
Su carácter irascible e inconsecuente con el personal, no con la clientela, de alguna manera  aprendimos a manejarlo, en lo que me tocaba una muy buena parte por la relación mencionada con él, y más por mi indocibilidad ante sus exabruptos, aparte de haberme impedido ir a La Paz, B.C. Entre sus arranques en una ocasión andaba corriendo a Antonio Macías el Office Boy de la sucursal, nomás porque no le hizo bien un mandado extra laboral que le encargó, desistiéndose al hacerle yo el quite. Luego, contra mi opinión Toño le pegó abajo del escritorio, con una rociada de agua bendita, una imagen de la Vírgen de San Juan de los Lagos, que el día que la descubrió, armó una furiosa escandalera de varios días.
En una ocasión le encargó a Jaime Orozco Orozco, que al igual que otros compañeros me había tocado enseñar a su ingreso a BNM, que le estacionara la camioneta Jeep que había pedido al banco le autorizara en vez de auto sedán, supuestamente para visitar clientes en caminos vecinales o brechas.
-Oye Gallo, al estacionarme le di un golpe a la camioneta en una de las bancas de la plaza
-¿Qué tanto la fregaste? 
-Nomás fue un putacito, ¿qué hago?
-Hay que decírselo, si quieres te acompaño
Luego viendo la camioneta
-¿Putacito? ¡Putazote! ¡A como serás pendejo!
Como Jaime había sido recomendado por su tío don Víctor González Orozco, uno de los principales clientes y ricos de Atotonilco, el asunto no pasó de ahí; aunque de todas maneras Jaime no hizo huesos duros en el  banco.
Menciono al principio que Atotonilco es muy apacible pero a la par muy fiestero; al Sr. Billión, que repito, la sucursal marchaba bien, en algunas juergas con clientes se le fueron las cabras al monte con desfiguros en la vía pública. Enterada la dirección del banco, no se supo cómo, lo bajó como subgerente a una de las sucursales de nivel medio de la ciudad de México. Lo visité al ir con unos amigos y parientes, en una de las pocas ocasiones que salí de vacaciones. Me ofreció la sub contaduría de la sucursal y que luego vendría más porque el seguramente iba a ocupar de nuevo una gerencia. Vi que su situación interpersonal no era muy amigable con sus compañeros y decliné su ofrecimiento.
Su sucesor en Atotonilco fue el Sr. Salvador Dávalos Gutiérrez, quien desde su llegada me ofreció promover mi cambio, que jamás se realizó. Se fue ascendido a la sucursal Santa Mónica Guadalajara, en donde en dos ocasiones en los días feriados de las semanas santas de 1960 y 1961 le pidió a su a la vez a sucesor Rafael Esqueda Garibay, que me permitiera ayudarle en sendos problemas que tenía en su dependencia.
En 1960 para sacar unas diferencias que había en el arqueo de caja de documentos del departamento de cobranzas, y así el cajero principal saliente Vicente González Gollaz le pudiera entregar al entrante J. Trinidad García. Al Sr. González Gollaz, siendo un funcionario sin tacha laboral alguna, el banco lo había despedido por asistir a un mitin político del PAN de su hermano Ignacio.
En esta sucursal se recibían de manera muy grande, más que en otras sucursales,  documentos al cobro (letras de cambio y pagarés) que en aquella época, mediados 1950´s 1960´s, a diferencia de los tiempos actuales de los medios electrónicos, eran la forma de formalizar ventas y los cobros correspondientes. En especial Santa Mónica, ubicada en la aglomeración comercial principal de Guadalajara las transacciones mercantiles eran muy cuantiosas en todos los ramos.
Particularmente de la empresa Goodyear Oxo, que en la región representaba la casa de don Benito Albarrán, recibía Atotonilco una buena cantidad, que registraba la receptora con una máquina de escribir mecánica manual que marcaba los caracteres con puntos, resultando que por el uso el 5 en la ficha original pintaba más como tres, haciéndose un relajo en las comprobaciones documentales períódicas que se tenían que hacer, por  lo que ya conocíamos el problema. En jueves y viernes santos confrontamos los listados mecanografiados y sumados manualmente, con aquellas clásicas máquinas mecánicas, no eléctricas, marca Burroughs de manija, los cuatro diversos registros contra el original, corrigiendo las múltiples diferencias de 2. Nos sobró sábado y domingo para descansar.    
Lo de igual manera de la semana santa de 1961, fue para sacar una “pata” en el arqueo pero del efectivo, que arrojaba un supuesto fraude de $22,000.00, pesos de ese tiempo, que el cajero García había dispuesto. Igual Santa Mónica por su vocación comercial, recibía una cantidad ingente de moneda metálica, al grado de que un cuarto añadido a la bóveda de caudales, estaba prácticamente lleno de piso a techo.
-¿Ya revisaron toda la morralla?
-Sí, la suma de todas las bolsas checa bien
-Pues hay que recontarlas
-¡Uf, cuánto  nos vamos a tardar!
-No es tan complicado, vamos a recontar y pesar de forma inéquivoca una bolsa completa de cada denominación y sacamos el faltante
-¿Cómo no se nos había ocurrido?
En varias bolsas, sobre todo las de 1,000 monedas de Morelos de $1.00 faltaron hasta 200 y el monto faltante sobrepasó un poco los $22,000.00    
Es pertinente dejar en claro que estas acciones últimas y todas las anteriores no merecieron  que oficialmente la institución me otorgara reconocimiento alguno. Solamente don Urbano Díaz Aguirre, previo a trasladarse en 1955 a La Paz, le recomendó al contador Enrique Moncada Hernández, que había que tenerme muy a la vista porque podía llegar lejos en el banco, pero éste me tenía ojeriza desde mi ingreso por un error de operación que detecté (ver Chupatintas 1) Otro signo de reconocimiento de don Urbano fue cuando pidió a la dirección general que le permitiera iniciar visita de crédito de gerencia en otra sucursal y no en la mía de Independencia Guadalajara en 1971 o 1972, porque no iba a encontrar mayor cosa que reportar.
También obviamente a quien debo agradecimiento por haberme enviado a Guadalajara en mayo de 1961, es al Sr. Rafael Esqueda Garibay, quien estando ya en Guanajuato, Gto., le pidió en noviembre de 1962 a mi gerente el Sr. Amador Murguía Blancarte, que me permitiera ayudarle en un desfalco en la cartera de Préstamos Personales. Acepté con mucho gusto dejando de lado mis vacaciones anuales. Actué del 15 de noviembre al 15 de diciembre. Me acompañó mi esposa Teresa de Jesús Gutiérrez García en estado grávido, gozando la estancia maravillosa de un mes en una ciudad por muchas razones admirable, y el trato con personas amigables y valiosas. Nos hospedamos en una casa particular del centro, cerca del banco y de la catedral, tratándonos el matrimonio sexagenario propietario como si fuéramos sus hijos. En los primeros días aclaramos el problema del fraude y seguí apoyando a mi ex jefe en otras labores y eventos sociales importantes de los clientes.   

sábado, 15 de abril de 2017

SERVICIO MILITAR

De enero a diciembre de 1956 cumplí con mi Servicio Militar, Cartilla No. 2795043 liberada el 9 de diciembre de dicho año, con el 100% de asistencias dominicales (50) que en los terrenos del campo de Fut Bol Almenas y otros sitios de Atotonilco nos impartió el Capitán Botello y aprobaron el General de División Gustavo G. León González y de Brigada Rosendo Cuevas y Rojas.
Por falta de información e ignorancia fue extemporáneo mi cumplimiento, pues debí hacerlo en 1954 o 1955 tomando en cuenta mi nacimiento en 5/2/1936. Estaba muy cargado de trabajo; en los principios de 1954 trabajaba los 7 días de la semana como encargado de la tienda La Colmena y en los de 1955 estando ya en Banamex, los domingos suplía a mi padre en la tienda de abarrotes familiar. 
Los remisos éramos varios, entre ellos mi primo Heliodoro de la Torre Hernández, con quien y creo que con David Verduzco, formamos el trío de comandancias en que dividió el capitán la nómina de conscriptos correspondiente. En mi condición de remiso, que también lo era Heliodoro, teníamos algunas restricciones como no formar parte del equipo de fut bol, ni representar a la generación en actos con las autoridades municipales u otras.
Pero sí tomamos parte preponderante en los extras o eventos y tareas sociales de servicio a la comunidad.
Así, en mi comandancia de 36 elementos, realizamos la limpia del río Taretan desde el desagüe del manantial hasta el estanque o baño público al aire libre muy concurrido por la gente, principalmente los fines de semana. Consistía en retirar las piedras, verdaderas rocas,  troncos, matorrales secos y otras basuras acumuladas, así como reforestar con tules o laureles de la india el tramo de poco más de un kilómetro. Algunos de esos árboles aún deben de estar frondosamente decorando el  paisaje.
Entre los ejercicios y de fortalecimiento que realizábamos fuera del campo almenas, en una ocasión el capitán Botello nos sacó a la carretera rumbo a Tototlán en dos filas indias a sus  márgenes u orillas. Habíamos marchado, en despoblado entonces, peligrosamente por el tráfico existente, un poco más de dos kilómetros, por ahí a la altura de El Nacimiento, ahora totalmente urbano.
A uno de los compañeros conscriptos se le ocurrió cruzarse del margen derecho al izquierdo, sin tomar en cuenta que en sentido contrario venía un camión torton con arena. El conductor, que creo era un hermano de Javier Oliva “El Gancho” que conocíamos bien, maniobrando con gran dificultad y mucha pericia, logró esquivar las dos filas de los bisoños soldados sin, gracias a Dios, alcanzar a golpear a ninguno. Recuerdo con claridad que vi pasar reguileteando a unos cuantos centímetros la carrocería del vehículo. Resultó que Luis Sepúlveda, hermano de David, que se había hecho la pinta, apareció descolorido como pan de cera entre la arena.      
Este servicio militar lo tomé muy en serio y con miras a fortalecerme en todos sentidos. El trabajo intenso de todos los días, tanto en los tres años a cargo de La Colmena, lo que llevaba en Banamex, y también los seis años de la primaria, así como, dentro de esta, el haber contraído la danza de san vito por desnutrición y sobre cargas de trabajo (ver relato) no me habían dejado muy bien parado.  

jueves, 13 de abril de 2017

PIZCA DE LEGÍA EN LA CAJETA

En el tiempo en que manejaba la proveedora abarrotera La Colmena, fines de 1951 a mediados de 1954, eventualmente apoyaba a La Colmenita tienda chica de atención al menudeo, propiedad de inicio en el ramo, rebautizada, del Sr. Cecilio Hernández Quiroz, cuando por alguna razón Francisco Hernández Aceves el encargado no ocurría a su trabajo.
La Colmena se ubicaba en la calle 16 de Septiembre, entre Juárez y Prisciliano Sánchez, frente al mercado Miguel Hidalgo, y La Colmenita en este centro municipal, en la esquina de dicha calle esquina con la ahora Dr. Espinoza. Por el mismo costado o sea 16 de Septiembre, dos locales de por medio, hacia la ahora Álvaro Obregón, se encontraba el negocio similar del Sr. Víctor Padilla, luego atendido por su hijo del mismo nombre, y en el interior los de los Sres. Alfonso Anaya, quien después se cambió a Colón y Niños Héroes, así como de los hermanos Alfredo y Jesús Sepúlveda Navarro, siendo estos últimos negocios más importantes.
La clientela tempranera, conformada básicamente por mujeres, era muy nutrida y había que jugársela para darles atención adecuada. Teníamos que despachar con rapidez y mucha agilidad las casi siempre pequeñas cantidades para las necesidades cotidianas del diario de las compradoras.
Había una cliente diaria, muy pequeña consumidora, de presencia y vestimenta desaseadas, que con los dedos de una de sus manos observé que le sacaba cajeta de membrillo a la pieza que vendíamos a granel en el  mostrador, desempacada de una lata alcoholera de veinte litros. A eso de las doce, ya calmo el movimiento afortunadamente, la maqueta fresca del dulce calló al piso, teniéndola que colocar de lado contrario en su lugar.
Al día siguiente al repetir su hazaña, empezó la señora a escupir borbotones de espuma y a amenazarme furiosa hasta de lo que me iba a morir, al no notar que junto con la cajeta había engullido un poco de la legía, masa previa en la elaboración del jabón de lavar, de color muy similar a la golosina, que coloqué en la marqueta del producto. Incluso tuvo cara la señora de ir a darle la queja, obvio infructuosa, a mi patrón el Sr. Hernández Quiroz.

jueves, 23 de marzo de 2017

BANAMEX, LOGOTIPOS

El logotipo que ha identificado a Banco Nacional de México (Banamex) como a infinidad de instituciones y empresas de todo tipo, tanto nacionales como internacionales (Bimbo, Cemex, Cinépolis, Telmex; Coca Cola, McDonald, Nestlé, Google) son emblemas que se graban irremisiblemte en el imaginario popular. 
Banamex a partir de su fundación el 2 de junio de 1884 ha tenido varios, creo los siguientes cuatro:                                                              





El último a la derecha, según la revista Banamex, que debe haber persistido desde 1884, fue sustituido por el tercero en agosto o septiembre de 1955, que según entiendo llegó a tener más puntas en cada una de las tres letras o iniciales. El segundo que aún se sigue usando parcialmente, las cinco grecas en color terracota alrededor de un círculo, apareció cuando don Agustín F. (Francisco) Legorreta inició su etapa como presidente del consejo en 1970 o 1971, visitándonos a todas las sucursales y dependencias con su Operación Contacto. Al mismo tiempo creó la no muy afortunada división del personal en Azules (personal de negocios, Gerentes y demás) y Amarillos (personal administrativo, Contralores y ayudantes) que ocasionó no pocos enfrentamientos jerárquicos entre ambos bandos.   
Este logotipo que inicialmente tenía 6 y no 5 grecas alrededor del círculo y representación de un todo, que quizá lo hayan dejado así por las 5 instituciones financieras oficiales del grupo, Banco Nacional de México, Financiera Banamex, antes Crédito Bursátil, Financiadora de Ventas Banamex, Seguros América, luego Seguros Banamex y Arrendadora Banamex, antes Arrendadora de Maquinaria y Equipo (Amesa) o bien por los 5 continentes del planeta.
Previo a su institución estando todavía como subgerente de la sucursal Guadalajara (ver Banamex Guadalajara 2) nos seleccionaron  a un grupo de funcionarios para unas mesas de trabajo, pidiéndonos sin decirnos más, que diseñáramos la imagen de una sala de juntas para una empresa. En la que me tocó presidir entregamos un diseño consistente en una mesa redonda con 6 lugares también redondos o sillas de consejo en rededor de la misma, cuya similitud es notoria con el logo institucional autorizado y actual de las cinco grecas. Por supuesto nunca nos mencionaron nada, pero nos quedó la satisfacción de haberles presentado algo cercano e interesante. Después se comentó que el diseño aprobado tuvo un costo de varios millones de pesos (pesos de aquel tiempo)
El logo que inicia las ilustraciones, Citibanamex, ha sido instituido recientemente por Citi Bank dueño de la institución desde agosto de 2001 (tardaron más de la cuenta porque si les conviniera, hasta “Banamex” le hubieran quitado) Las cinco grecas ya tradicionales aparecen al final y al principio un cuartito de círculo sobre “citi” y, lo más significativo, desaparece el color terracota por rojo fuerte y azul rey o blanco en el texto.

domingo, 19 de marzo de 2017

SE ECHÓ EL CABALLO ENCIMA

Francisco Orozco chico era un individuo bastante popular en El Salvador y ranchos vecinos, era de El Ranchito colindante con el primero, donde vivíamos, y con Garabatos o si se quiere con El Carmen, así llamada la parte de este último que don Cirilo Franco Hernández se adjudicó (ver relato Un falso hacendado) 
Su papá del  mismo nombre era el propietario del rancho citado y su hijo se dedicaba a la buena vida más que a labores propias de la hacienda. En una ocasión de visita en El Salvador en inconveniente estado festivo anduvo haciendo galanuras y piruetas en el magnífico y fino caballo que montaba, ocurriéndosele calarlo en el puente que en aquel tiempo, primeros años de los cuarentas del pasado siglo veinte, existía en el camino real para pasar el río y salir del rancho, siendo tan pasado de fuerza y falto de pericia el jalón de riendas al equino, que se lo echó encima de lomos aplastándolo mortalmente con la cabeza de la silla de montar.
Don Francisco con la muerte del hijo vendió El Ranchito trasladándose a Atotonilco el Alto, Jal., donde compró una propiedad en el No. 17 de la calle Porfirio Díaz en el barrio del Chichimeco, instalando una pequeña fábrica de tequila, posiblemente porque observó las dos que había en El Salvador propiedad una del Ing. Pablo o Porfirio Barba hijo del famoso hacendado y charro don Andrés Z. Barba y la otra de don Carlos González Estrada.  
Al poco tiempo a don Pancho le compró la propiedad don Julio González Estrada 7/1/1925-20/3/2012, hermano de don Carlos, naciendo ahí en 1942, con consecutivas ampliaciones y modernizaciones, bajo el nombre de La Primavera,  la empresa Tequila Tres Magueyes (ver relato Empresarios Atotonilquenses Industria Fábricas de Tequila) cuyo nombre ha sido marca insignia de la organización y al tiempo, 1987, de Don Julio, gran marca plus que después de varios propietarios (Seagram, Funtanet, Cuervo) es ahora de la empresa británica internacional Diageo.
Me tocó llevar una relación cercana y de amistad con don Julio en Atotonilco, desde que llegamos ahí procedentes de El Salvador al inicio de 1945 y conocerlo tal vez en este mismo rancho por la fábrica que ahí había construido don Carlos. Al ingresar a Banamex en junio de 1954, el contacto fue más constante. Incluso en la semana santa de 1960, trabajando dichos días santos para arreglar a puerta cerrada unos problemas del banco en la sucursal Santa Mónica de Guadalajara, fue a ofrecerme me fuera a Tres Magueyes, que con toda corrección decliné, pero le sugerí que se lo propusiera a mi compañero Francisco Hernández Muñoz, que no estaba a gusto en el banco ni éste con él, y así duró muchos años en dicha empresa, cosas que relato en escritos aparte.     

sábado, 18 de marzo de 2017

REPARO DE CABALLO

Mi papá, dentro del trabajo muy intenso y variado que desarrollaba titánicamente los siete días de la semana, sin ayuda alguna, para manejar la propiedad que había adquirido en el rancho El Salvador, municipio de Atotonilco el Alto, Jal., tenía que salir eventualmente del rancho por necesidades diversas, que si no eran caminando por más distantes, lo hacía a caballo, pues no había en aquellos tiempos, treintas, cuarentas del pasado siglo veinte, otros medios de comunicación en el medio rural mexicano, y más en esos rumbos de los Altos del estado, que, como se le vea, estaban más abandonados como represalia por haber sido la cuna de la Revolución Cristera de 1926 a 1929, aunque desde siempre, en circunstancias adversas de muchas maneras, la laboriosidad, capacidad de trabajo, el empeño de supervivencia y de salir adelante de los alteños, era reconocida en todos los ámbitos.          
Así, en una ocasión que a mediodía tuvo que ir por medicina para uno de mis hermanos con el médico Jacinto Hernández a San José de Gracia, al regresar ya noche, como en otras ocasiones, después de pasear y enfriar el caballo, me encargó como hijo mayor llevar el  animal a la caballeriza que había en la casa vieja de la propiedad que menciono en el relato Caída del guayabo.   
Para llegar a dicha casa había una especie de callejón umbrío empedrado con árboles y arbustos a ambos lados, que en la noche era como una boca de lobo y a nosotros, a veces me acompañaban mi hermana Mercedes o mi hermano José Luis, nos daba mucho miedo la ida, incluso porque la gente decía que en la casa asustaba y las ánimas salían de la finca.
Cabestreando el caballo a su destino, me seguían atrás mis citados hermanos, y a José Luis se le ocurrió darle un varazo en el trasero que lo hizo pararse sobre sus patas traseras y aterrizar las delanteras en mi espalda.  Inexplicable y milagrosamente, como en la caída del guayabo, no pasó del terrible susto, sin lesión ni consecuencia física alguna, que ahora a 75, 76 años de distancia no acaba de asombrarme. Dejamos en el establo al equino, sin quitársenos el susto y suspenso que sentíamos en el regreso.