Cuando en mayo
de 1961 don Amador Murguía Blancarte, mi gerente, gran gerente, en la sucursal
Guadalajara, en lugar de enviarme a la calle como investigador de crédito para
sustituir en dicho trabajo a José Guadalupe García Ochoa en el Departamento de
Análisis de Crédito, me nombró jefe del mismo en sustitución de Juan Ramírez
Méndez, como describo en el artículo Banamex Guadalajara Uno; al no aceptar la
dirección general del banco promoverme, a su propuesta, a principios de 1963, para
contador e incluso subgerente de sucursal porque oficialmente no había tenido
ninguno de los dos cargos en las respetivas áreas, no obstante ocupar en
Atotonilco varias veces los departamentos de la sucursal y colaborado con las
gerencias significativamente (véase Banamex Atotonilco) me nombró,
advirtiéndome que si aceptaba sería por unos cuantos meses, tercer sub contador
atrás de Huber Nava Cabrera y la güerita Abigail Martínez, bajo la tutela del
contador Herminio Michel Neaves. A la postre tres meses después estaba
recibiendo la contaduría de la sucursal Tepic, Nayarit.
Me enteré a tras
mano que la Srta. Martínez, a quien había conocido años atrás en un día de
campo al que con otros compañeros había ido a Atotonilco, expresó que cómo a un
imberbe lo ponían a su nivel. Por supuesto no hice comentario alguno, pero a mi
estilo trabajé muy bien en mis atribuciones, incluyendo actividades que le
mejoraron sus áreas de responsabilidad. Un día después de labores me llamó a su
escritorio para comentarme sus falsas impresiones ofreciéndome disculpas. Que
estaba al tanto de mi sobresaliente carrera en el banco, incluyendo mi
actuación en crédito de ahí mismo, que por tanta gente en la sucursal no se
había dado cuenta, y por supuesto lo de Atotonilco. Le contesté que me había enterado
inmediatamente de su expresión y que así era y había sido siempre mi manera de
trabajar, que por ningún motivo se preocupara, que la conocía desde el paseo al
que había asistido en la huerta Las Corrientes de don Lorenzo V. Valle en
Atotonilco.
En los citados
tres meses, en que la sucursal estuvo “transitoriamente” en la primera planta
de la finca de enfrente de Maestranza a Corona por la Av. Juárez, en tanto el
banco y el ingeniero Struck dirimían sus diferencias, de algo así como dos años,
para levantar la construcción del nuevo y actual edificio (desafortunadamente
ya enajenado) llevé a buen fin otras funciones.
No siendo ya mi
responsabilidad, don Amador me encargaba algunos asuntos de la gerencia de los que
en algunos había tomado parte, así como otros diferentes (ver relatos Un
gerente excepcional y Vámonos haciendo...) En una ocasión cuando Herminio
Michel quería correr sin más preámbulos a Roberto Rojas Flores, encargado del
departamento de Cartera, en que le había precedido Antonio Figueroa Gallegos,
porque se venían arrastrando omisiones importantes en los cobros de intereses mensuales
en créditos millonarios de la empresa Productos de Trigo, me encargó que lo
acompañara a hablar con los propietarios. Se aclaró muy amigablemente un error de
dos días en las escalas de números para calcular sus pagos a cajeros ambulantes
en fines de semana, que al banco ingresaban hasta el lunes siguiente, que
Roberto Rojas había heredado en su departamento. Herminio Michel ya ni pío
dijo.
Un poco después
de llegar a Guadalajara, por ahí de junio o julio de 1961, había ingresado al
banco, muy joven, la Srta. Reyna Concepción Velasco, hermosa como ella sola.
Herminio Michel la destinó al conmutador ubicado en uno de los peores rincones
del inmundo local que ocupábamos. Sin estar todavía bajo sus órdenes en
contaduría sino en mi departamento de crédito, me atreví a decirle que estaba
cometiendo un error y desperdicio teniéndola
escondida y arrumbada, que era para presumirla a la vista del público.
Al contestarme que era porque todavía no sabía nada del banco, le impartí el
curso básico de capacitación, de los varios que junto con otros compañeros
enseñábamos en la institución. A ella luego le perdí la pista y ahora, añales
después, nos acompaña seguido a las reuniones de los primeros martes de mes del
grupo que manejo desde enero de 1996.
En otra ocasión,
ya estando en la sub contaduría, un muchacho ayudante de departamento, del que
no puedo recordar su nombre, me comentó que en la Caja de Ahorros y Auxilios no
le querían autorizar un préstamo a corto plazo. Confirmé que tenía derecho al
mismo, reconsultando el manual
correspondiente, que por cierto todavía conservo; lo acompañé con el Sr. Pedro
González Vaca, funcionario encargado de la autorización correspondiente. De
entrada le soltó autoritariamente que ya le había dicho que no; y al meter mi
cuchara de por qué no y refutar, porqué
ya lo dije, no tuvo más que hacer buches y olvidarse en esa ocasión, ante el
reglamento, de su cuadratura recalcitrante y sin más autorizar la solicitud.
José Guadalupe
García Ochoa, con quien llevé siempre una cercana amistad; así como Herminio
Michel Neaves, vivían en la colonia Independencia del oriente norte de la
ciudad.
Al iniciar mi vida de casado, vivimos unos meses en una casita totalmente nueva,
chiquita, ubicada en Marsella Norte 388 (luego Manuel M. Diéguez) esquina con
Herrera y Cairo, que era propiedad del Dr. Amado Saavedra López, resultando que
las primeras rentas se presentó a cobrarlas un salaz y desgraciado “El Sope" Hernández, popular en la bohemia de segunda tapatía, sobrino de don Heliodoro Hernández Loza, que mi esposa mandó al
diablo y así para estar cerca de la señora Petrita García Estrada, hermana de
mi suegra y segunda mamá de mi mujer, nos cambiamos a Montes Urales 1027 a la vuelta de Monte
Ajusco 588 de la tía. Herminio Michel vivía en Chimborazo también a una cuadra
y Lupe García a una mano de distancia, con quien desde un principio convine en
pagarle los traslados diarios al banco, por cierto en un carrito
Chevrolet de dos puertas que en Banamex bautizaron como el avispón verde por su color. Todavía, por unos
meses, antes de irme a Tepic, me tuve que cambiar a la misma Chimborazo porque
la dueña de Montes Urales, que también era una casita nueva, me la pidió para
un familiar.