Al pergamino que
con motivo del festejo por sus 90 años le ofrecimos a mi mamá el sábado 17 de julio
de 1999 en el Club de Leones de Atotonilco, agrego los siguientes datos con
motivo ahora de su 91º aniversario.
María Dolores
Galindo González y de su esposo, mi padre, Francisco de la Torre Hernández
(*30/6/1909-+24/11/1994)
Nació la señora
Dolores, segunda de once: nueve hermanas y dos hermanos, el 21 de mayo de 1909,
en e1 rancho El Capulín, municipio de Tepatitlán, contiguo a La Esperanza y La
Hiedra, lugar en el que se habían radicado sus padres al casarse. Éstos eran
Manuel Galindo González, de La Esperanza, y Emilia González Franco, de El
Espino, ambos del citado Mpio. Ahí nació también, 7/1/1907 Julia su hermana
mayor, que faltó el 25/8/1998. Sus
abuelos paternos fueron Justo Galindo Franco, originario del rancho San
Antonio, cerca de Capilla de Guadalupe, quien ocupó muchos años el cargo de
Jefe de la Acordada y Juez de Paz de la región de Tepatitlán, y doña Francisca
González, de la citada Capilla de Guadalupe, misma de donde eran los abuelos
maternos don Feliciano González Jiménez y doña Encarnación Franco. Su papá don
Manuel murió un sábado de abril de 1939 y doña Emilia el 19/8/1962.
Se trasladaron luego
al rancho Ojo de Agua de Latillas, del mismo municipio y rumbo, naciendo ahí su hermana Francisca, el 11/4/1911, que
murió en 5/7/1994, sus únicos dos hermanos, Rafael el (*¿?5/1913-+20/11/1943 y
Gabriel (*12/2/1915 y Ana María, el 10/1/1917.
La familia
Galindo González llegó a Garabatos, ya en el municipio de Tototlán, lugar que
fue su residencia definitiva, contiguo a San Ramón y Ciénega al norte y éstos a
Ojo de Agua de Latillas; al oriente El Ranchito y La Tepamera (Tototlán); al
poniente San Agustín, antes Chapulines y Los Algodones (Tototlán) y al sur, ya
en el municipio de Atotonilco el Alto, El Salvador, antiguo Zapateros y La
Peñuela. En este lugar mi abuelo Manuel a la compra inicial fue agregando otras
de tierras de temporal y de riego.
Aquí vinieron al
mundo el resto de sus hijos, hijas solamente: Carmen en 1919 que murió de sólo
ocho meses; Amelia el 22/4/1922, quien faltó el 12/9/1949; Herlinda el 30/3/1924,
fallecida el 17/6/1999; Consuelo el 1/7/1926, fallecida en Atotonilco el 24 de
febrero de 2006, e Irene, accidentalmente nacida en San Pedro Tlaquepaque con
motivo de la concentración civil por la Revolución Cristera, el 20 de octubre
de 1928, muerta en los E.U.A., traída a Guadalajara, donde residía, el 6 de
octubre de 2009.
Los matrimonios
de sus hermanas y hermano fueron así: Julia con Alberto Navarro Navarro,
originario de Las Hormigas (Tepatitlán) fallecido el 27/4/1967; Francisca con Refugio Gutiérrez Hernández de
El Salto (Tepatitlán) quien falleció a principios de 1932, uno meses antes de
nacer su único hijo Manuel con quien conviví mucho; Gabriel, con María de la
Luz Muñoz Hernández, de El Saucillo (Atotonilco) Ana María con Adalberto de la Torre
Hernández, de Garabatos, fallecido en 8/7/1994, hermano menor de nuestro padre;
Amelia, con Manuel Muñoz Hernández (El Saucillo) hermano de la esposa del tío Gabriel,
muerto en julio de 1997; Herlinda, con Jesús Franco González, su primo hermano,
vecino de El Carmen, antes parte de Garabatos, que faltó el 11/5/1988;
Consuelo, con Jesús Galindo Franco, su primo hermano y sobrino segundo, de La
Esperanza, fallecido el 28/3/1992 e Irene, con Roberto González Rodríguez,
originario del rancho Calderón, perteneciente a Zapotlanejo, fallecido en
Guadalajara el 16/12/2005.
Su hermano Rafael
falleció soltero de manera violenta, cerca de la casa familiar en Garabatos, en
la tarde del 20 de noviembre de 1943. En la mañana había ido a El Salvador,
donde visitó a su hermana, mi madre, que ahora festejamos, pues ahí vivíamos.
El que esto escribe, mayor de la familia de la Torre Galindo, estaba de visita
en Garabatos, fue el último familiar que al salir de la casa materna lo vio
vivo al entregarle, ya montado en su famoso caballo "El
Aguilillo" unos atados con botellas
de vidrio forradas en yute para su protección (ni remotamente se usaban de
plástico) para surtir el alcohol, que se utilizaba para friccionar o demoler los equinos.
Esa tarde apartando los becerros en el Potrero
del Ganado con Manuelillo mi primo de la tía Pachita, oímos los tres disparos
que lo asesinaron por el rumbo de la casa del tío abuelo Pedro Galindo Franco.
El ruido sordo característico de los balazos que impactan en un blanco, nunca
pensamos que habían terminado con el tío Rafael, sino hasta más tarde cuando
llegaron cargando el cuerpo personas conocidas de la casa. El deceso fue muy sentido por familiares,
gente que dependía del rancho y vecinos de muchos lugares. Resulta interesante
mencionar el comportamiento del caballo, que alejado de la querencia, con el
tío Jesús Franco González, anduvo por mucho tiempo en un desasosiego total que
a tantos años de distancia, todavía estupefacta a los enterados que lo
cuentan.
Otros
acontecimientos lamentables en la larga vida de mi mamá que le ha querido
conceder Dios, aparte de los fallecimientos de sus demás familiares de la casa
Galindo, son, por ejemplo, cuando su
esposo, nuestro padre, tuvo dificultades muy graves con el líder de los
agraristas de Garabatos, Alfonso Aranda, decidiéndose a vender pertenencias y
el ganado que ya tenía, a su cuñado Rafael, a quien dicho sujeto vino matando
después. Otro, cuando por lo anterior nos fuimos a San José de Gracia y mi papá
no pudo seguir con una fabriquita manual de refrescos, por la competencia de
las marcas conocidas.
También cuando
por las circunstancias económicas se estuvo yendo varios años como bracero a
los Estados Unidos y en una ocasión, afortunadamente falsa, nos dijeron que
había muerto con otros trabajadores en un accidente. O cuando, este sí
accidente de verdad, acabó en San Luis Potosí con un carro de sitio y nos tuvimos que regresar por unos
meses a Garabatos. También cuando tres de sus hijos nos enfermamos
temporalmente por anemia y otro de mis hermanos duró varios meses entre la vida
y la muerte.
A cambio, ha tenido
muchas satisfacciones. La primera y más valiosa, su extensa vida por gracia del
que todo lo ordena, sin padecer ninguna enfermedad mayor y su carácter y
conformidad con la misma, a pesar de las vicisitudes que ha tenido que
afrontar. El haber formado bien una familia numerosa en tiempos difíciles, más
en las circunstancias en que ella y su esposo tuvieron que desenvolverse
saliendo del entorno tradicional familiar de generaciones anteriores, para no
mencionar más, es otro de sus grandes logros.
Les agradecemos
su presencia, en primer lugar a los hermanos de la festejada, nuestros tíos
carnales: Gabriel y su esposa, Ana María, Consuelo e Irene y su esposo, junto con sus hijos y los de los tíos
fallecidos y también a los cónyuges de éstos, nuestros tíos y primos todos,
incluyendo por supuesto en la misma forma a la gran rama familiar de la Torre
de nuestro progenitor y a todos los demás parientes y amigos que nos hacen favor de acompañarnos.
Atotonilco el
Alto, Jal., Quinta David, sábado 5 de agosto del año 2000.