jueves, 23 de marzo de 2017

BANAMEX, LOGOTIPOS

El logotipo que ha identificado a Banco Nacional de México (Banamex) como a infinidad de instituciones y empresas de todo tipo, tanto nacionales como internacionales (Bimbo, Cemex, Cinépolis, Telmex; Coca Cola, McDonald, Nestlé, Google) son emblemas que se graban irremisiblemte en el imaginario popular. 
Banamex a partir de su fundación el 2 de junio de 1884 ha tenido varios, creo los siguientes cuatro:                                                              





El último a la derecha, según la revista Banamex, que debe haber persistido desde 1884, fue sustituido por el tercero en agosto o septiembre de 1955, que según entiendo llegó a tener más puntas en cada una de las tres letras o iniciales. El segundo que aún se sigue usando parcialmente, las cinco grecas en color terracota alrededor de un círculo, apareció cuando don Agustín F. (Francisco) Legorreta inició su etapa como presidente del consejo en 1970 o 1971, visitándonos a todas las sucursales y dependencias con su Operación Contacto. Al mismo tiempo creó la no muy afortunada división del personal en Azules (personal de negocios, Gerentes y demás) y Amarillos (personal administrativo, Contralores y ayudantes) que ocasionó no pocos enfrentamientos jerárquicos entre ambos bandos.   
Este logotipo que inicialmente tenía 6 y no 5 grecas alrededor del círculo y representación de un todo, que quizá lo hayan dejado así por las 5 instituciones financieras oficiales del grupo, Banco Nacional de México, Financiera Banamex, antes Crédito Bursátil, Financiadora de Ventas Banamex, Seguros América, luego Seguros Banamex y Arrendadora Banamex, antes Arrendadora de Maquinaria y Equipo (Amesa) o bien por los 5 continentes del planeta.
Previo a su institución estando todavía como subgerente de la sucursal Guadalajara (ver Banamex Guadalajara 2) nos seleccionaron  a un grupo de funcionarios para unas mesas de trabajo, pidiéndonos sin decirnos más, que diseñáramos la imagen de una sala de juntas para una empresa. En la que me tocó presidir entregamos un diseño consistente en una mesa redonda con 6 lugares también redondos o sillas de consejo en rededor de la misma, cuya similitud es notoria con el logo institucional autorizado y actual de las cinco grecas. Por supuesto nunca nos mencionaron nada, pero nos quedó la satisfacción de haberles presentado algo cercano e interesante. Después se comentó que el diseño aprobado tuvo un costo de varios millones de pesos (pesos de aquel tiempo)
El logo que inicia las ilustraciones, Citibanamex, ha sido instituido recientemente por Citi Bank dueño de la institución desde agosto de 2001 (tardaron más de la cuenta porque si les conviniera, hasta “Banamex” le hubieran quitado) Las cinco grecas ya tradicionales aparecen al final y al principio un cuartito de círculo sobre “citi” y, lo más significativo, desaparece el color terracota por rojo fuerte y azul rey o blanco en el texto.

domingo, 19 de marzo de 2017

SE ECHÓ EL CABALLO ENCIMA

Francisco Orozco chico era un individuo bastante popular en El Salvador y ranchos vecinos, era de El Ranchito colindante con el primero, donde vivíamos, y con Garabatos o si se quiere con El Carmen, así llamada la parte de este último que don Cirilo Franco Hernández se adjudicó (ver relato Un falso hacendado) 
Su papá del  mismo nombre era el propietario del rancho citado y su hijo se dedicaba a la buena vida más que a labores propias de la hacienda. En una ocasión de visita en El Salvador en inconveniente estado festivo anduvo haciendo galanuras y piruetas en el magnífico y fino caballo que montaba, ocurriéndosele calarlo en el puente que en aquel tiempo, primeros años de los cuarentas del pasado siglo veinte, existía en el camino real para pasar el río y salir del rancho, siendo tan pasado de fuerza y falto de pericia el jalón de riendas al equino, que se lo echó encima de lomos aplastándolo mortalmente con la cabeza de la silla de montar.
Don Francisco con la muerte del hijo vendió El Ranchito trasladándose a Atotonilco el Alto, Jal., donde compró una propiedad en el No. 17 de la calle Porfirio Díaz en el barrio del Chichimeco, instalando una pequeña fábrica de tequila, posiblemente porque observó las dos que había en El Salvador propiedad una del Ing. Pablo o Porfirio Barba hijo del famoso hacendado y charro don Andrés Z. Barba y la otra de don Carlos González Estrada.  
Al poco tiempo a don Pancho le compró la propiedad don Julio González Estrada 7/1/1925-20/3/2012, hermano de don Carlos, naciendo ahí en 1942, con consecutivas ampliaciones y modernizaciones, bajo el nombre de La Primavera,  la empresa Tequila Tres Magueyes (ver relato Empresarios Atotonilquenses Industria Fábricas de Tequila) cuyo nombre ha sido marca insignia de la organización y al tiempo, 1987, de Don Julio, gran marca plus que después de varios propietarios (Seagram, Funtanet, Cuervo) es ahora de la empresa británica internacional Diageo.
Me tocó llevar una relación cercana y de amistad con don Julio en Atotonilco, desde que llegamos ahí procedentes de El Salvador al inicio de 1945 y conocerlo tal vez en este mismo rancho por la fábrica que ahí había construido don Carlos. Al ingresar a Banamex en junio de 1954, el contacto fue más constante. Incluso en la semana santa de 1960, trabajando dichos días santos para arreglar a puerta cerrada unos problemas del banco en la sucursal Santa Mónica de Guadalajara, fue a ofrecerme me fuera a Tres Magueyes, que con toda corrección decliné, pero le sugerí que se lo propusiera a mi compañero Francisco Hernández Muñoz, que no estaba a gusto en el banco ni éste con él, y así duró muchos años en dicha empresa, cosas que relato en escritos aparte.     

sábado, 18 de marzo de 2017

REPARO DE CABALLO

Mi papá, dentro del trabajo muy intenso y variado que desarrollaba titánicamente los siete días de la semana, sin ayuda alguna, para manejar la propiedad que había adquirido en el rancho El Salvador, municipio de Atotonilco el Alto, Jal., tenía que salir eventualmente del rancho por necesidades diversas, que si no eran caminando por más distantes, lo hacía a caballo, pues no había en aquellos tiempos, treintas, cuarentas del pasado siglo veinte, otros medios de comunicación en el medio rural mexicano, y más en esos rumbos de los Altos del estado, que, como se le vea, estaban más abandonados como represalia por haber sido la cuna de la Revolución Cristera de 1926 a 1929, aunque desde siempre, en circunstancias adversas de muchas maneras, la laboriosidad, capacidad de trabajo, el empeño de supervivencia y de salir adelante de los alteños, era reconocida en todos los ámbitos.          
Así, en una ocasión que a mediodía tuvo que ir por medicina para uno de mis hermanos con el médico Jacinto Hernández a San José de Gracia, al regresar ya noche, como en otras ocasiones, después de pasear y enfriar el caballo, me encargó como hijo mayor llevar el  animal a la caballeriza que había en la casa vieja de la propiedad que menciono en el relato Caída del guayabo.   
Para llegar a dicha casa había una especie de callejón umbrío empedrado con árboles y arbustos a ambos lados, que en la noche era como una boca de lobo y a nosotros, a veces me acompañaban mi hermana Mercedes o mi hermano José Luis, nos daba mucho miedo la ida, incluso porque la gente decía que en la casa asustaba y las ánimas salían de la finca.
Cabestreando el caballo a su destino, me seguían atrás mis citados hermanos, y a José Luis se le ocurrió darle un varazo en el trasero que lo hizo pararse sobre sus patas traseras y aterrizar las delanteras en mi espalda.  Inexplicable y milagrosamente, como en la caída del guayabo, no pasó del terrible susto, sin lesión ni consecuencia física alguna, que ahora a 75, 76 años de distancia no acaba de asombrarme. Dejamos en el establo al equino, sin quitársenos el susto y suspenso que sentíamos en el regreso.   

martes, 14 de marzo de 2017

LA CRUZ DEL MUERTO

En la casa vieja que he mencionado en los relatos Caída del guayabo y Reparo de caballo, que servía como bodega y caballeriza en la propiedad familiar en el rancho El Salvador del municipio de Atotonilco el Alto, Jal.; al pie de una de sus entradas corría el agua limpísima de orilla a orilla de la propiedad, enorme e invaluable riqueza del predio, y situada ahí recargada al tronco del guayabo al que me subía hasta su copa contra la prohibición de mi padre, había una cruz que precisaba el lugar exacto de una muerte violenta, señal por cierto multiplicada por miles en la región y en todo el país, producto de las épocas violentas que han caracterizado a nuestro país y muy significativamente la Revolución Cristera que tuvo lugar de 1926 a 1929, de la que fue cuna la región alteña jalisciense. 
Estaba esta cruz muy vieja y la madera si tuvo alguna vez en el travesaño horizontal o en otro lugar el nombre del fallecido, su mucha antigüedad se lo había borrado. Nadie en el rancho  sabía o decía a qué sujeto y quién lo asesinó y porqué. Por lo tanto era sólo parte del mobiliario o cosas raras, como otras, que había en la propiedad y nosotros nos santiguábamos con respeto cada que nos encontrábamos ante tal señal.
Respeto que un día no se le antojó cumplir a mi hermano José Luis, que cargó con ella y se la entregó a mi mamá como leña para el fogón en que cocía los alimentos. Alarmada nuestra madre, después de la severa regañada y rezarle al difunto, le ordenó a mi hermano que la fuera a devolver a donde había cargado con ella.                
Por lo que ve a muertos, asesinatos y otras violencias, que han sido en el pasado parte doliente de México, incluso en  nuestros días por la impunidad y el crimen organizado, respecto a lo que me tocó vivir y oír, mis relatos, entre otros, Un artero cuádruple asesinato, Un drama de la Revolución Cristera, El tío Aurelio, El tío Rafael y Silverio Plascencia, dan cuenta.        

jueves, 9 de marzo de 2017

CAÍDA DEL GUAYABO

En el relato Rancho El Salvador, del municipio de Atotonilco el Alto, Jal., contiguo a Garabatos del de Tototlán y éste al de San Ramón de Tepatitlán, conté las labores titánicas, para muchos increíbles, que mi padre Francisco de la Torre Hernández desarrolló para acondicionar la propiedad que ahí compró para venirnos de San José de Gracia (Tepatitlán)  Vivimos en este lugar de mediados de 1940 hasta el último día de 1944 al  trasladarnos a Atotonilco, cuando en febrero 5 siguiente cumpliría nueve años. Mi edad en esta anécdota escasamente llegaba a los cinco años. 
Mencioné que junto a la segunda casa en ruinas que había en lo comprado, dejó entre otras cosas, dos o tres guayabos criollos enormes, cuando menos de veinte o más metros de alto, a lo mejor treinta, pues he leído que hay hasta de cuarenta y cinco en algunos lugares. Me gustaba subirme al que quedaba pegado a dicha casa y a la zanja de agua corrida permanente que había, acompañado siempre de mi hermana Ma. Mercedes que nomás me observaba. Mi padre me tenía prohibido que lo hiciera pero no resistía la tentación con el asombro de mi hermana. Mi objetivo era subir hasta la última rama y sobre la copa sacar la cabeza y las manos y observar el panorama lo más lejos posible.
En una ocasión ya habiendo obtenido la meta y haciéndole piruetas a Mercedes, empezó a gritar como loca que si no me bajaba de inmediato ahora sí se lo iba a contar a mi papá. Por su alegato, porque estaba soplando más o menos fuerte el aire o porque las ramas de los guayabos son bastante resbaladizas, pero flexibles, me destantié y me vine abajo, sorteando de manera poco menos que milagrosa las diferentes ramas al paso, cayendo al suelo de pie, sin ningún rasguño ni ramaje conmigo y amortiguando el viaje guayabil el colchón de hojas secas y tierra blanda y húmeda que de años había en la superficie.        
La noticia la recibió mi mamá y ella la pasó a mi papá, pero hasta el día siguiente y en el momento más oportuno para que no me diera una paliza que yo esperaba casi segura, como otras con merecimiento y hasta sin éste.                                                                                                                   

sábado, 4 de marzo de 2017

CLUB ROTARIO DE ZACAPU

Banamex en mis tiempos, trabajé ahí del 8 de junio de 1954 al 30 de abril de 1974 (20 años menos un mes ocho días) nos otorgaba algunas prestaciones sociales a determinados funcionarios, normalmente gerentes, algunos subgerentes y contadores y a otros funcionarios de sucursales importantes o de dependencias de dirección. En el caso de los gerentes y subgerentes recomendaba los clubes Rotario, Leones o algún otro que en sus respectivas plazas fuera más preponderante entre la comunidad, recomendando renunciar a las presidencias respectivas y aceptar otro cargo honorífico como la tesorería. 
Así en mi primera estancia en la sucursal Guadalajara de mayo 1961 a agosto de 1963 como Jefe del Departamento de Análisis de Crédito de la Sucursal Guadalajara y como tercer Subcontador, me inscribió en el Club Deportivo Guadalajara, al que en realidad muy pocas veces pude asistir por darle preferencia a mis responsabilidades específicas de trabajo y los domingos, todavía trabajábamos los sábados, me sobraban invitaciones de familiares y amigos, o me iba a ver a mis padres y parientes en Atotonilco. En Zacapu ingresé a los Rotarios y mi subgerente Jorge Alcaraz ya estaba en el de Leones.     
Rotary se manejaba ahí realmente en la inercia y a la deriva con 6 o 7 socios en su nómina y cuóroms de asistencias en promedio de 3 o 4. Lo presidía entonces el Sr. Jesús Arredondo del que su hermano José era el principal político de la ciudad y hombre de negocios importante. Solamente se necesitaba moverlo un poco y enriquecerlo con nuevos integrantes, para lo que en el sector empresarial y profesional había prospectos de sobra. El Sr. Arredondo vio mi actitud en Banamex y en algunas convivencias, entre ellas una de bienvenida ofrecida por su hermano el magnate político y empresarial. Me invitó al club ostentándome como un miembro natural de los principios del organismo, sin necesidad, decía él, que tuviera la investidura correspondiente.
Desempeñando el citado cargo de Tesorero, logré ingresar varios socios con cierta facilidad respaldado por la preponderancia del banco y, sin falsa modestia, la imagen que en lo personal había logrado como gerente. Cuando regresé a Guadalajara a la gerencia de la sucursal Independencia, en septiembre de 1970, dejé a Rotary Zacapu con 27 miembros activos, con todo y bajas de algunos por la rotación de funcionarios principalmente en el complejo industrial de Celanese Mexicana, pero muy firmes los del sector empresarial y profesional zacapense.  
En armonía con el presidente del club en turno, ya había terminado su gestión don Jesús, propuse varias acciones comunitarias. Empecé elaborar un boletín mensual vocero del grupo que se abandonó a mi traslado y tercer destino a Guadalajara.   
Rotary Internacional fue fundado por  Paúl Harris el 23 de febrero de 1905; su domicilio actual se encuentra en Evanston, Ill, EUA; tiene clubes en más de 200 países; siendo exclusivamente para varones, a partir de 1989 se aceptó al género femenino. La regla primordial de la organización es tener en su seno la representación en las personas más adecuadas de cada actividad empresarial y profesional de su entorno, con un máximo, en su caso, de un 10% de socios correspondiente. Al fundador se le relacionó con la masonería que se encargó de rechazar firmemente hasta por escrito. En varios países, incluso México, la agrupación ha tenido, como toda institución sobresaliente, detractores de diversos tipos, pero las actividades y programas que ha instituido hablan bien de su cometido.
Algunos rotarios famosos han sido o son: el Papa Francisco, Luciano Pavarotti, Dr. Carlos Canseco, Mario Moreno “Cantinflas” John F. Kennedy, Douglas MacArthur, Cecil B. de Mille, Claude Vuitton, Franz Lehár, J.C. Penney, Manny Pacquiao, Beyoncé, Rihanna, Bill Gates, Walt Disney, varios presidentes y políticos de diversos países, etc. etc.            

MARIACHI EN LA SUCURSAL


El 5 de febrero de 1971 o 1972, como a las 11 o 12 del día, entró al patio de público de la sucursal Independencia Guadalajara en Calzada Independencia y Aldama, mi amigo y cliente don Antonio Antón Corona dueño de la empresa Escobas Barre Barre y creo, funcionario en las áreas administrativas de la organización Calzaletas. Lo acompañaba un magnífico mariachi tocándome Las Mañanitas con motivo de mi cumpleaños y santo. Por la sorpresa y no esperando el gesto de amistad del Sr. Antón, se tocaron una o dos canciones más para pedirle de la mejor manera que terminara el festejo.  
Aunque en la Dirección Occidente del banco, a cargo de don Adolfo Sánchez Medal, no me llamaron para nada al respecto, desde luego indagaron, porque en reuniones posteriores de gerentes y funcionarios no faltó quien me preguntara y felicitara por el detalle del cliente. Como testigos de la anécdota hay varios miembros del personal de entonces en la sucursal, que también forman parte del Grupo Amigos Banamex Guadalajara, que manejo desde enero de 1996.   
A esas alturas traía ya muy fija la idea de dejar al banco para dedicarme a negocios por mi cuenta, sin manifestarlo en ninguna forma y sin descuidar para nada mi trabajo en Independencia a la que había llegado en septiembre de 1970, haciendo efectiva mi renuncia el 30 de abril de 1974, a un mes y 8 días de cumplir 20 años en Banamex, en la forma que en relatos aparte describo con amplitud.   

lunes, 13 de febrero de 2017

BANAMEX, GRUPO AMIGOS 20 AÑOS (1996-2016)

El martes 6 de diciembre de 2016 este grupo cumplió, gracias a Dios, 20 años, ¡240 reuniones-comida mensuales! Los primeros martes de  cada mes a las 14.30 horas. Tuve la idea de formarlo en septiembre o principios de octubre de 1995, invitando a Roberto de la Rosa Nuño (QEPD) con quien aparte de haberme ayudado mucho en mi carrera bancaria llevaba una amistad entrañable, David Antonio Lizárraga López, Roberto Herrera R. Amaya (QEPD) César Navarro Fernández (QEPD) Andrés Lecuanda Arreola (QEPD) Pedro Angulo Gutiérrez, agregándose luego  otros excompañeros como Miguel Belmán Torres, Willebaldo Ponce de León Espinoza (QEPD) Jorge Rafael Rodríguez Vergara, y a su solicitud, mi amigo y cliente en la sucursal Independencia Guadalajara, Ignacio Jiménez Navarro (QEPD) Los primeros meses las reuniones fueron el primer miércoles de cada mes, haciéndole eco a aquella vieja costumbre en el banco de hacer corrido dicho día, siempre y que se pudiera, cuando todavía trabajábamos los sábados. A petición de Toño Lizárraga se cambió al primer martes. 
Como era mi intención inicial, insistí en que se ampliara la invitación a todos los excompañeros  o aún compañeros BNM; por lo que  y por algún otro motivo, dos o tres de los fundadores dejaron de asistir al proletarizarse y enriquecerse el grupo que actualmente registra más de 200 nombres. 
Nos hemos reunido en varios lugares o restaurantes a lo largo de estos veinte años. Iniciamos en la Alianza Francesa por López Cotilla; luego a sugerencia del Sr. Belmán, unos meses en La Copa de Leche que se había cambiado del centro histórico a Francisco J. Gamboa o Tepic en Ladrón de Guevara, de ahí como un año a Hacienda Navarro de Av. Arcos; luego por varios años la Legión Americana en Las Fuentes, como dos años a Hacienda Navarro de Calz. Lázaro Cárdenas, varias veces en la casa familiar de Roberto Rojas Flores en calle Camarena en Tlaquepaque, así como en el restaurante de mariscos que tenían los hermanos Vírgen en la zona industrial, y también el del mismo giro a cargo de José Luis López por Avs. Washington y 8 de Julio, de debut y despedida por pésimo servicio en el Tizoc de Av. Ávila Camacho. Los últimos cuatro o cinco años y hasta hoy en Club Atlas Chapalita, al amparo de la membresía de nuestro compañero Alfonso Sandoval Bellido. También nos hemos reunido varios diciembres y en otras ocasiones en la casa de nuestro estimado amigo Álvaro Hernández Celaya de Valle Real y en su granja rumbo a Chapala; en la casa de campo en Atequiza del Lic. Gilberto Macías Flores, así como ahí y en Mezcala, de Reyes Venegas Aguilar, y una vez en la casa de Poncho Sandoval.    
Para lograr una concurrencia más o menos cuantiosa, enviamos una semana antes a los que tienen email, la convocatoria correspondiente para el primer martes de mes, recordándoles a todos, excepto a alguna que otra rara avis escéptica declarada a la convivencia. A quienes no tienen correo electrónico se les habla de inmediato por teléfono, confirmándoles a éstos    y a los demás por este conducto el fin de semana previo a la reunión.
Acontecimientos especiales como hospitalizaciones, enfermedades y fallecimientos se les entera de manera similar.   
Con la presencia de algunos nubarroncillos en la atmósfera y devenir del grupo, cosa explicable por lo numeroso, se ha logrado un lazo espontáneo y sin compromiso y costo alguno, excepto, claro, su cuenta de restaurante, de unión y camaradería formidables, de lo que estamos sumamente satisfechos.

viernes, 20 de enero de 2017

ANA MARÍA GALINDO GONZÁLEZ (CIEN AÑOS) Y SU FAMILIA

Estaban esa tarde de por ahí de 1944 o 1945 todas las tías Galindo González, aún solteras, en la cocina de la casa paterna a cargo de mi abuela Emilia González Franco ya viuda y de su hijo el tío Gabriel, cuando la tía Herlinda, que como de costumbre andaba en sus trece, por una alegata sin mayor importancia le propinó una moquetiza a su hermana Ana María, quien sin defenderse se puso a llorar en un rincón. Su hermana Consuelo que nunca fue dejada, agarró de frente por la cintura a la malora reculándola hasta sentarla en la olla del nixtamal que se estaba preparando para las tortillas del día siguiente. A la escandalera y quejadumbre que armó la maltrecha ennejayotada, la hermana ofendida se concretó a confortarla.
Por los mismos años citados pasaba, a  mis siete u ocho años,  la mayor parte de tiempo que podía en la casa de la abuela Emilia. Entre las tareas que me tocaban, una era servirle de apialador a Tacho Sánchez, uno de los empleados y medieros de confíanza de la casa. Le tocaba ordeñar al mayor número de vacas, entre ellas La Lucidora, como casi todas en la región pinta de negro con cruza de holandés, que había sido una de las que mi papá le vendió al tío Rafael y la que daba más leche, así como una grandota café con cruce mayor de cebú, que siempre fue de poca leche y más ya a punto de destetarse, que había que corretearla al alejarse bastante de las demás. Tacho la dejaba al último y casi siempre me alcanzaba donde se emperraba en alejarse y en un baldecito, creo del Núm. 5, cabía de sobra la parca, pero muy buena producción que, como ya era tarde me iba tomando hasta que con prácticamente nada llegaba a entregarle a la tía Ana María, encargada de separar la del gasto y cuajar la destinada al rico queso de adobera que a diario se hacía. Ella muy complaciente, en lugar de regañarme, me festejaba el atracón que me daba con tan cremosa leche.       
Podría seguir mencionando otras anécdotas del modo noble y pacífico en el comportamiento de esta adorable tía que Dios ha premiado con una larga y ejemplar vida, para dar paso a detallar la familia que ha formado.
La tía Ana María, única hermana viva de mi madre, acaba de cumplir 100 años este 10 de enero de 2017 (*10/1/1917) Fue el sexto miembro, de once, de la familia Galindo González de mis abuelos maternos Manuel Galindo González y Emilia González Franco. Nació en el rancho Ojo de Agua de Latillas (Tepatitlán) después de tres hermanas y dos hermanos, precediendo a cinco hermanas más. (Ver el relato Ma. Dolores Galindo González)
Contrajo matrimonio con Adalberto de la Torre Hernández (+8/7/1994) hermano menor de mi padre. Sus hijos por lo tanto son primos hermanos dobles.
Más que sus hermanas, ha sido toda su vida muy tranquila y noble, sufrida y tolerante esposa ante la genética testosteronil de su cónyuge.  
Su familia, de la Torre Galindo, como la nuestra, es a la fecha de 7 hijos, 31 nietos y 65 bisnietos, como sigue.
*Rebeca con Roberto de la Torre, 3 hijos Ana Lourdes con Héctor García y 7 bisnietos Ana Goreti (con Isaías Granados) Joel, Miriam, Mónica, Javier, Joaquín y Miguel; Jorge con María de Jesús Pérez y 2b. Román y Santiago; y Rosa Isela con Ricardo Íñiguez y 2b. Ricardo y Acxel.
*Rafael, esposa Teresa Muñoz. 9 hijos 1.-Luis Guillermo con Lourdes Macías y 5b Luis Guillermo, Sara L. Alejandra Guadalupe, María Fernanda y Gustavo; 2.-Jorge Alberto con Rosa María Jiménez y 4 bisnietos Jorge A, Andrea J. Sebastián T. y Santiago; 3.-Martha Olivia con Marco Dionisio Barba y 4b Diana P. Martha L. Marco D. y Perla; 4.-Alejandro Horacio 1b.  Alejandro;  5.-Ana Lilia con Heriberto Camarena y 2b Valeria y Emiliano; 6.-Víctor Manuel con Mayra A. Cortez y 3b Víctor M., Diego y Angélica M.; 7.-Rafael con Mónica Ruiz y 3b Rafael, Karen y Xamara; 8.-Rebeca con Gustavo Aceves y 2b Gustavo y Ángela M.; y 9.-María Elvia.    
*María Trinidad (QEPD) con Enrique Franco Galindo, 5 hijos 1.-Héctor Eduardo con Ma. Carmen Vázquez, 3b Héctor, Lorena y Jesús; 2.-Juan Carlos con Ma. Isabel Arias y 3b José Luis, Mariana y Daniela; 3.-Angélica con César Soto y 2b Fernando y Alexia; 4.-Luis Fernando con Jared Orozco y 3b Alejandro, Angélica y Ma. Fernanda, y 5.-Gloria con Alfredo Aguirre y 3b Ximena, Emiliano y Ana Isabel.
*Celia con Salvador Barba. 4 hijos María del Carmen; Genoveva con Fernando Loza y 3b Paulina, Julyana y David; Alejandro con Rosa Contreras y 1b Andrea; y Salvador.
*María Carmen con Ramón González 3 hijos Carmen con Mario Jiménez y 1b Mario Iván; Ana Rosa con Rodrigo Castro y 2b Diego y Paola Sofía; y Blanca Rebeca con Israel Rodríguez.
*Luz María con José Gutiérrez Galindo. 3 hijos Édgar con Lourdes G. López y 2b Adán y Julieth; Araceli con Rodrigo Jiménez y 3b Rodrigo E. Jazmín y Cris Antony; y Salvador con Lizeth García y 1b Ián.  
*María del Refugio con Juan Manuel Barba. 4 hijos 1.-Oscar con Tania Loza y 2b Alan y Julián; 2.-Alondra Livier con Arturo Carmona y 1b Aranza; 3.-Emmanuel con Edith Barba; y 4.-Hugo Alberto.

martes, 10 de enero de 2017

MA. DOLORES GALINDO GONZÁLEZ (21/5/1909-19/6/2005 Y SU FAMILIA


Al pergamino que con motivo del festejo por sus 90 años le ofrecimos a mi mamá el sábado 17 de julio de 1999 en el Club de Leones de Atotonilco, agrego los siguientes datos con motivo ahora de su 91º aniversario.
María Dolores Galindo González y de su esposo, mi padre,  Francisco de la Torre Hernández (*30/6/1909-+24/11/1994)
Nació la señora Dolores, segunda de once: nueve hermanas y dos hermanos, el 21 de mayo de 1909, en e1 rancho El Capulín, municipio de Tepatitlán, contiguo a La Esperanza y La Hiedra, lugar en el que se habían radicado sus padres al casarse. Éstos eran Manuel Galindo González, de La Esperanza, y Emilia González Franco, de El Espino, ambos del citado Mpio. Ahí nació también, 7/1/1907 Julia su hermana mayor, que faltó el  25/8/1998. Sus abuelos paternos fueron Justo Galindo Franco, originario del rancho San Antonio, cerca de Capilla de Guadalupe, quien ocupó muchos años el cargo de Jefe de la Acordada y Juez de Paz de la región de Tepatitlán, y doña Francisca González, de la citada Capilla de Guadalupe, misma de donde eran los abuelos maternos don Feliciano González Jiménez y doña Encarnación Franco. Su papá don Manuel murió un sábado de abril de 1939 y doña Emilia el 19/8/1962.        
Se trasladaron luego al rancho Ojo de Agua de Latillas, del mismo municipio y rumbo, naciendo  ahí su hermana Francisca, el 11/4/1911, que murió en 5/7/1994, sus únicos dos hermanos, Rafael el (*¿?5/1913-+20/11/1943 y Gabriel (*12/2/1915 y Ana María, el 10/1/1917. 
La familia Galindo González llegó a Garabatos, ya en el municipio de Tototlán, lugar que fue su residencia definitiva, contiguo a San Ramón y Ciénega al norte y éstos a Ojo de Agua de Latillas; al oriente El Ranchito y La Tepamera (Tototlán); al poniente San Agustín, antes Chapulines y Los Algodones (Tototlán) y al sur, ya en el municipio de Atotonilco el Alto, El Salvador, antiguo Zapateros y La Peñuela. En este lugar mi abuelo Manuel a la compra inicial fue agregando otras de tierras de temporal y de riego.
Aquí vinieron al mundo el resto de sus hijos, hijas solamente: Carmen en 1919 que murió de sólo ocho meses; Amelia el 22/4/1922, quien faltó el 12/9/1949; Herlinda el 30/3/1924, fallecida el 17/6/1999; Consuelo el 1/7/1926, fallecida en Atotonilco el 24 de febrero de 2006, e Irene, accidentalmente nacida en San Pedro Tlaquepaque con motivo de la concentración civil por la Revolución Cristera, el 20 de octubre de 1928, muerta en los E.U.A., traída a Guadalajara, donde residía, el 6 de octubre de 2009. 
Los matrimonios de sus hermanas y hermano fueron así: Julia con Alberto Navarro Navarro, originario de Las Hormigas (Tepatitlán) fallecido el 27/4/1967;  Francisca con Refugio Gutiérrez Hernández de El Salto (Tepatitlán) quien falleció a principios de 1932, uno meses antes de nacer su único hijo Manuel con quien conviví mucho; Gabriel, con María de la Luz Muñoz Hernández, de El Saucillo (Atotonilco)  Ana María con Adalberto de la Torre Hernández, de Garabatos, fallecido en 8/7/1994, hermano menor de nuestro padre; Amelia, con Manuel Muñoz Hernández (El Saucillo) hermano de la esposa del tío Gabriel, muerto en julio de 1997; Herlinda, con Jesús Franco González, su primo hermano, vecino de El Carmen, antes parte de Garabatos, que faltó el 11/5/1988; Consuelo, con Jesús Galindo Franco, su primo hermano y sobrino segundo, de La Esperanza, fallecido el 28/3/1992 e Irene, con Roberto González Rodríguez, originario del rancho Calderón, perteneciente a Zapotlanejo, fallecido en Guadalajara el 16/12/2005.    
Su hermano Rafael falleció soltero de manera violenta, cerca de la casa familiar en Garabatos, en la tarde del 20 de noviembre de 1943. En la mañana había ido a El Salvador, donde visitó a su hermana, mi madre, que ahora festejamos, pues ahí vivíamos. El que esto escribe, mayor de la familia de la Torre Galindo, estaba de visita en Garabatos, fue el último familiar que al salir de la casa materna lo vio vivo al entregarle, ya montado en su famoso caballo "El Aguilillo"  unos atados con botellas de vidrio forradas en yute para su protección (ni remotamente se usaban de plástico) para surtir el alcohol, que se utilizaba  para friccionar o demoler los equinos.
Esa  tarde apartando los becerros en el Potrero del Ganado con Manuelillo mi primo de la tía Pachita, oímos los tres disparos que lo asesinaron por el rumbo de la casa del tío abuelo Pedro Galindo Franco. El ruido sordo característico de los balazos que impactan en un blanco, nunca pensamos que habían terminado con el tío Rafael, sino hasta más tarde cuando llegaron cargando el cuerpo personas conocidas de la casa.  El deceso fue muy sentido por familiares, gente que dependía del rancho y vecinos de muchos lugares. Resulta interesante mencionar el comportamiento del caballo, que alejado de la querencia, con el tío Jesús Franco González, anduvo por mucho tiempo en un desasosiego total que a tantos años de distancia, todavía estupefacta a los enterados que lo cuentan. 
Otros acontecimientos lamentables en la larga vida de mi mamá que le ha querido conceder Dios, aparte de los fallecimientos de sus demás familiares de la casa Galindo, son, por ejemplo,  cuando su esposo, nuestro padre, tuvo dificultades muy graves con el líder de los agraristas de Garabatos, Alfonso Aranda, decidiéndose a vender pertenencias y el ganado que ya tenía, a su cuñado Rafael, a quien dicho sujeto vino matando después. Otro, cuando por lo anterior nos fuimos a San José de Gracia y mi papá no pudo seguir con una fabriquita manual de refrescos, por la competencia de las marcas conocidas.  
También cuando por las circunstancias económicas se estuvo yendo varios años como bracero a los Estados Unidos y en una ocasión, afortunadamente falsa, nos dijeron que había muerto con otros trabajadores en un accidente. O cuando, este sí accidente de verdad, acabó en San Luis Potosí con un carro de  sitio y nos tuvimos que regresar por unos meses a Garabatos. También cuando tres de sus hijos nos enfermamos temporalmente por anemia y otro de mis hermanos duró varios meses entre la vida y la muerte.
A cambio, ha tenido muchas satisfacciones. La primera y más valiosa, su extensa vida por gracia del que todo lo ordena, sin padecer ninguna enfermedad mayor y su carácter y conformidad con la misma, a pesar de las vicisitudes que ha tenido que afrontar. El haber formado bien una familia numerosa en tiempos difíciles, más en las circunstancias en que ella y su esposo tuvieron que desenvolverse saliendo del entorno tradicional familiar de generaciones anteriores, para no mencionar más, es otro de sus grandes logros. 
Les agradecemos su presencia, en primer lugar a los hermanos de la festejada, nuestros tíos carnales: Gabriel y su esposa, Ana María, Consuelo e Irene y su esposo,  junto con sus hijos y los de los tíos fallecidos y también a los cónyuges de éstos, nuestros tíos y primos todos, incluyendo por supuesto en la misma forma a la gran rama familiar de la Torre de nuestro progenitor y a todos los demás parientes  y amigos que nos hacen favor de acompañarnos.
Atotonilco el Alto, Jal., Quinta David, sábado 5 de agosto del año 2000.