jueves, 14 de septiembre de 2017

CLIENTE COMPRA UN MUSTANG EN ACAPULCO

Emilio J. Shain Massó, cliente de 45, 50 años, de cierta importancia en Banamex Independencia Guadalajara, de la que era gerente a principios de los 1970´s. De ascendencia libanesa, sirio libanesa o bien judía, los parecidos físicos son difíciles de distinguir sin indagarlo. Era uno de los principales propietarios fabricantes y distribuidores colocadores de máquinas tragamonedas en el área metropolitana de Guadalajara (caballitos reparadores, coches y otras figuras en movimiento, etc. metálicas y otros materiales con la marca de su primer apellido) que por ahí en alguna tienda de barrio o bazar todavía ahora podrían identificarse. En la atención personal que prestaba a la clientela en el escritorio, siempre a varios clientes a la vez, si las circunstancias de privacidad lo permitían, se admiraba, como otros clientes, de cómo podía hacerlo.    
Un día en la mañana en plena actividad al público entró una llamada del gerente de la sucursal Acapulco.
-Aquí tengo a un cliente tuyo medio loco que quiere que le entregue $60,000.00 para comprar un Mustang
-¿Quién es?   --Emilio Sahín -¿De unos 45 años, fornido, moreno de bigote amplio? –Sí
-Es un poco especial, después de que me lo pases, seguramente te voy a enviar una orden de pago, desde luego cifrada con el libro de firmas y contraseñas; mi firma es la siguiente y dame la tuya; que don Emilio se identifique, firme un pagaré, entregue factura de la agencia vendedora y ésta le dé un permiso especial para circular a Guadalajara y me cargas por transitoria 1503-B el importe.
-Pero eso no se puede -¿Porqué, no está fuera de regla; sólo un poco diferente; tengo amplias facultades en la línea de créditos y el cliente fondos de sobra; lo único que podría suceder, acaso, que la paquetería de Servicio Panamericano se esfumara.    
A principios de la semana siguiente el Sr. Shain fue a presumirme su flamante auto del año, color verde olivo, reconociéndome el servicio que en algún momento dudó que le prestara, ante lo cuadrado que normalmente eran mis colegas Banamex.
Respecto a las maquinitas tragamonedas, venidas a menos por novedades electrónicas del momento, otro productor y operador en Guadalajara era el Sr. Benito Fong Gómez, de origen chino y además propietario de varios hoteles, también cliente y amigo personal que atendía en la sucursal mencionada. Su hijo Benito Fong González, fue igualmente mi amigo y compañero en el consejo de la Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara. 
Por lo que ve a Servicio Panamericano de Protección, pionera en el servicio de recolección y entrega de fondos en el país, fue una institución del grupo Banamex, fundada y manejada por don Ladislao López Negrete, miembro sobresaliente de la Dirección General del banco.

sábado, 2 de septiembre de 2017

"PÓNGANLE QUESO, SEÑORES"

Mi padre Francisco de la Torre Hernández, como huérfano desde los 14 años adoptó, por voluntad propia, el papel de jefe de la casa que le hubiera correspondido a su hermano mayor el tío Agustín, quien por apatía y presuntamente enfermizo no quiso tomar la responsabilidad. Quedaron siete hermanos huérfanos, cinco hombres y dos mujeres, por el asesinato de mi abuelo Cipriano de la Torre Angulo en 1923, junto con sus hermanos Jesús y José más un amigo mutuo (ver relato Un artero cuádruple asesinato, de estas vivencias infantiles)  
Estando sus dos hermanas, María y Estela, ya en edad de noviazgo, en una ocasión se presentaron en la casa materna dos pretendientes, quienes por la distancia recorrida que denotaban sus caballos, iban de lejos y seguramente con buenas intenciones.
Al avisarle alguien a mi padre de la presencia de los pretendientes, dejó sus labores de campo un poco antes para hacerse  presente en su casa. La parquedad y pocas palabras y el uso acostumbrado de monosílabos en el hablar de mi papá, mantuvo distraídos a los dos sujetos a quienes la impresionante y fuerte personalidad del señor de la casa, mantenía cohibidos e indecisos a los visitantes para expresar el objeto de su visita.
Llegada la hora de pasar a la mesa, sin para nada la comparecencia de las hermanas, mi abuela Francisca Hernández de la Torre al queso de adobera de mucha estima que se acompañó a la comida, mi papá en cada momento que podrían aprovechar para soltar su misiva los huéspedes, les espetaba “pónganle queso, señores” teniendo que despedirse a la postre sin manifestar su intención, pero sí con sus panzas repletas de queso adobera de la mejor calidad.    
El noviazgo o cortejo del género femenino en la región central del país, y muy marcado en Los Altos jaliscienses, era motivo de impedimento y hasta de escarnio para los cortejantes  por la familia, y a veces de parientes, de las muchachas a enamorar. Se tomaba como una cuestión de honor y conservación de la honra dentro del tradicional machismo regional mexicano.   

LA PRECARIA PERO SUCULENTA COCINA DE MI MADRE

Fuimos diez hermanos seguiditos en casa, particularidad nada rara en familias prolíficas católicas tradicionales mexicanas, y también de otros países. Tampoco anormal así que mis primos hermanos sean más de cien y si un tanto exagerado que con mis abuelos paternos hayan sido veinte. Venimos de ascendientes alteños jaliscienses del medio rural en donde viví hasta los nueve años.
Aunque no formábamos parte de la pobreza, nuestra posición particular era de muchas carencias. Situaciones y responsabilidades que mi padre había tenido que afrontar (ver relato Un hombre excepcional) explican las circunstancias en que vivíamos en el campo y luego desde enero de 1945, a mis nueve años, en Atotonilco.    
Mi madre María Dolores Galindo González, fue una mujer admirable en muchos aspectos siendo una de sus muchas cualidades la administración del hogar, como la gran mayoría de las mujeres alteñas. Hacía verdaderos milagros para darnos de comer. Voy a describir las siguientes sopas entre otros platillos que nos preparaba.
*Con Tazole, esquilmo que queda de la vaina del frijol, (Phaseulos Vulgaris L) nos preparaba para la comida del medio día una sopa caldosa exquisita. Me mandaba a buscarlo, como hermano mayor, al lugar de las pajas a escoger de los que habían sido ejotes más verdes y carnosos, para luego de desvarárselos y ella rehidratarlos y con recaudo y otras cosas como huevo cocido en trocitos quedaba listo el platillo. Mi papá cosechaba en las mejoras condiciones de frescura la gramínea que se cultivaba entre la milpa, por lo que el tazole guardaba buenas condiciones para el objetivo culinario.     
*Con chicales, elotes cocidos secos, nos hacía otra sopa caldosa extraordinaria. Se  colgaban  del techo u otro lugar ventilado, por sus hojas sin desprender, el racimo o racimos de elotes escogidos. Conforme a necesidades, ya secos, se iba desgranando luego lo necesario que a su vez con los añadidos que utilizaba en la receta, recaudo con chile ancho dorado algo de chile de árbol de nuestras propias matas, pedacitos de queso también propio, etc. Lista para paladear. 
*Con el quiote o tallo del agave tierno, que brotaba cuando el maguey ya iba a sazonar, nos hacía también otra sopa caldosa que en el rancho llamaban gigote. Se partía en cuadritos como de papa y llevaba a cabo un procedimiento similar a las anteriores recetas. Lo dulce un tanto extraño del tallo lo corregía con algunos ingredientes agregados. Este quiote o tallo rendido o seco tenía y sigue tenido diversos usos, vigas para techos y puertas, y hasta enormes flautas musicales en los estados del sur del país.
*Con un huevo batido en un recipiente extendido, charola, batea, etc. hasta lograr una enorme espuma blanca que luego dejaba consolidar para cortar en pedacitos. Después de agregarle el recaudo correspondiente más algo que tuviera a mano, pedacitos de chicharrón de cerdo cecina, etc. listo el manjar.
*Con bolitas de masa de maíz doradas en manteca de cerdo y mantequilla de casa, más lo que podía agregar, aparte del recaudo tradicional, quedaba una suculenta y crujiente sopa que todo mundo apreciaba.   
Como menciono al principio, a estas recetas de cinco sopas podría agregar otras y además para desayunos y cenas, pero como muestra de las afanes culinarios extraordinarios de mi mamá, creo suficientes las recetas anotadas.      

lunes, 28 de agosto de 2017

UN PUÑITO DE GARBANZOS

Al Gran Teatro Cine Atotonilco me dio por entrar sin pagar a fines de 1945 o principios de 1946. El edificio donde se encontraba, ubicado en la esquina norte de Juárez y Morelos, frente a la plaza de armas, fue entonces el más ostentoso y moderno (ahora desafortunadamente un cascarón venido a menos ocupado por diversos negocios misceláneos) Era propiedad de don Margarito Ramírez. Hizo cerrar al tradicional Cine Ideal de don Manuel Navarro Ruiz, que estaba contra esquina en Hidalgo frente a un costado de la parroquia de San Miguel (ver los cinco relatos sobre el cine, en especial Cómo entrábamos al cine sin pagar)
Hacía mi ilegal ingreso aprovechando el primero de los dos intermedios en las funciones diarias, entre siete y media y ocho de la noche. Esperaba sentado en la banqueta al salir en tropel los asistentes a comprar golosinas en la dulcería, que en lugar del exterior don Margarito debía haber colocado dentro del área de la sala.
En esas ocasiones obviamente no traía ni un centavo, de lo contrario pagaría mi boleto. Me acuclillaba vigilando el momento, a un lado del pequeño espacio que quedaba entre mesitas de vendimia frente al edificio, al lado de la de una señora mayor muy güera, mamá de uno de los taxistas muy popular apodado el cebollo. La señora vendía garbanza blanca, más grande que el garbanzo normal,  muy apetitosa y exquisita, cocida y aderezada en agua con sal que preparaba diariamente.
Al surtir su producto en cucuruchos de papel de estraza a sus clientes, eventualmente se le caían algunos granos, que junto con los que ya habían caído antes, engullía como apreciado manjar. La señora nunca dejó de enterarse de mi fortuita recolección y en la primera oportunidad, sin decirme absolutamente nada, depositaba a mis pies un puñito del objeto de mi apetencia.       
Don Margarito fue uno de los principales políticos de origen atotonilquense (del rancho Mesa del pino). Fue gobernador interino de Jalisco y gobernador del aún entonces territorio de Quintana Roo. Además del cine fue dueño del balneario Los Chorritos localizado por la entonces calle Reforma, ahora 16 de Septiembre, que tuvo mucho auge en la región varios años y ahora también dejado venir a menos. Como empleado ferrocarrilero de vía, ayudó a escapar a Álvaro Obregón en tiempos de la revolución, viniéndole en consecuencia el apoyo político y riquezas de que gozó. Su hijo Carlos Ramírez Ladewig fue líder de la Universidad de Guadalajara, fallecido en Guadalajara tempranamente durante un sepelio a manos de sus opositores políticos.      

domingo, 27 de agosto de 2017

"... Y TE COMPRAS UNA SOGA PARA QUE TE AHORQUES"

En el relato El tío José Galindo Castellanos menciono al Sr. Cástulo de Loza como hijo adoptivo y su principal heredero. El señor de Loza como segundo patrón manejaba varias tareas y responsabilidades en la administración del, ahora llamaríamos, emporio del Sr. Galindo. 
En tiempos de la preparación de las tierras para la siembra de temporal, ya fuera voltearlas a principios de año para con el frío desparasitar, rastrear para emparejar o asurcar ya cerca de la siembra, para lo que se utilizaban medieros, empleados campesinos a sueldo u otro tipo de ayudantes.
En uno de los tres pasos, un trabajador, según decían con calidad de mediero, de pronto descubrió que la reja del arado había destapado una moneda (centenario de oro) Como hombre bueno, dueño de nada, ni de voluntad propia y sentirse como propiedad de la hacienda, fue a entregarle la valiosa moneda al patrón Cástulo.
Éste después de precisar el lugar exacto donde apareció el metal precioso, le indicó al fiel servidor que desyuntara y ya se fuera a su casa a descansar, no sin antes darle un puñado de monedas, cobres y algunas platas, indicándole “… y te compras una soga para que te ahorques por pendejo”      
El entierro encontrado fue cuantioso y no pocos se enteraron. La forma malsana de proceder en  personas arbitrarias como esta, no era tan rara de encontrar en la parte autoritaria, minoritaria afortunadamente, del sector pudiente de aquellos tiempos. Junto con su carácter, su procedencia adoptiva y ciertas dudas acerca del parentesco con las dos sirvientas,  hacían que la gente, en especial los consanguíneos de don José, su tutor, vieran con recelo al pariente advenedizo.   
Casó con la tía Seferina de la Torre Galindo, prima hermana tanto de mi padre Francisco de la Torre Hernández como de mi madre María Dolores Galindo González, hija del tío y tía abuelos Jesús de la Torre Angulo y Emilia Galindo González. La hizo pasar hasta su muerte una vida conyugal tormentosa. Residiendo en el municipio de La Barca, después de la muerte de su padre adoptivo (ver relato) sus segundas nupcias fueron con una señora María Aceves de Tepatitlán, a la que daba idéntico trato. Su hija con la tía, Aurora de Loza de la Torre, que al tiempo caso con el Sr. Ramón Ochoa, llegó a visitarnos en Atotonilco, manteniendo una relación cercana con mi hermana Rosa María.  

sábado, 26 de agosto de 2017

EL TÍO JOSÉ GALINDO CASTELLANOS

Era tío bisabuelo materno, hermano de mi bisabuelo Justo de los mismos apellidos, padre del abuelo Manuel Galindo González. Don Justo fue jefe político y de la acordada de Tepatitlán en tiempos de la Revolución Cristera, a quien junto con el citado hermano su padre el tatarabuelo Rafael Galindo Castellanos, asentado en el rancho San Antonio o La Paleta también de Tepatitlán, para aplacarlos y sentaran cabeza, según decían los antiguos, les compró sendos ranchos, al primero La Hiedra y a mi bisabuelo La Esperanza, ambos del citado municipio.
Don José fue un terrateniente muy acaudalado en la región; propietario de muchos ranchos, ganados, valores monetarios y demás bienes de capital. Con su esposa la Sra. Rosa Martínez no hubo familia. Fueron padrinos de bautizo de mi madre María Dolores Galindo González. Muchos años estuvieron con él dos señoras solteras a su servicio y adoptó a un familiar de las mismas, Cástulo de Loza, quien a la postre fue uno de sus principales herederos (ver relato “Cómprate una soga para que te ahorques”) junto con sus sobrinos varones Galindo y “ni agua” para las mujeres (ni mi madre como ahijada y menos por la animadversión que injustificadamente le tenía a mi padre, como explico adelante)   
Al casarse mis padres (7/5/1935) mi abuelo Manuel, le pidió a mi papá, por su extraordinaria y reconocida capacidad de trabajo y hombre de bien, que le ayudara en el manejo de su rancho en Garabatos, municipio de Tototlán, división con los de Tepatitlán y Atotonilco, que era el más importante de la zona, en lo que por cierto mi abuela Emilia González Franco no estaba muy de acuerdo. Mis tíos maternos eran siete mujeres y dos hombres, Rafael y Gabriel, y a ambos, todavía jóvenes, convenía que mi padre los enseñara a trabajar.    
Sucedió que en tiempos de la trilla del trigo, que pudo ser por ahí de fines de marzo o abril de 1939 (ya había faltado mi abuelo) se presentó en la era el tío José furibundo ante mi padre reclamándole traer una yegua de su propiedad en la manada que pisoteaba las matas del grano. No valieron para nada las explicaciones de que se ignoraba que el animal fuera suyo, llegándose a palabras fuertes. Le dio en la casa la queja a mi abuela, quien lejos de defender a su yerno, como debía haberlo hecho, aceptó las reprimendas de su pariente señor feudal intransigente de horca y cuchillo. Doña Emilia un poco después prescindió de los servicios de mi padre, regresándose él en situación desfavorable a su casa materna, ya como parte del malhadado ejido propugnado convenencieramente por Cirilo Franco Hernández, donde previo a su matrimonio había construido anexa una vivienda (ver relato Un hombre excepcional en esta parte infantil)       
Viviendo ya en el rancho El Salvador municipio de Atotonilco, a donde llegamos a fines de 1940, me tocó casi tocar con la mano al susodicho tío José, que trasladaba con su gente una manada inmensa de reses a los ranchos de su propiedad rumbo a San Francisco de Asís del mismo municipio.  
Junto con un montón de chiquillos más de ahí del rancho, pegados a la cerca de piedra del camino real, vimos aparecer la punta de la enorme fila de cuadrúpedos desde lo alto del cerrito pelón, colindante con Garabatos (aunque ese lugar le nombraban y aún identifican como El Carmen los parientes herederos del tío Cirilo Franco Hernández) De dicho punto transitando El Salvador hasta el otro punto alto contrario, hay aproximadamente una y media o dos leguas, seis ocho kilómetros. La caminata de animales, sino cubría dicha distancia poco le faltaba. El tío iba a la retaguardia con varios caporales y ayudantes y una bola de perros pastores. Portaba indumentaria toda de cuero rústico de elaboración casera, chaparreras y chaleco, barba hasta el pecho y amputado uno de sus dedos pulgares por la soga de lazar al atravesársele en alguna de las faenas en la cabeza de la silla de montar. Estampa muy impresionante.    
Entre las muchas anécdotas que se cuentan de este célebre tío, cuento la siguiente. Más de algún ladrón individual o acompañado que, sin conocerlo, trataban de robarlo en casa o asaltarlo en sus labores, salían a buscarlo o encontrar la muerte por su mandato en otro lugar, al indicárselos él mismo al confundirlo con alguien de su servicio.
Volviendo a su herederos, Cástulo de Loza compró propiedades por los rumbos del municipio de La Barca y los sobrinos, solo hombres como se dijo, fueron los hijos de sus sobrinos carnales Manuel, mi abuelo materno, Delfino y Pedro, a su vez hijos de su hermano Justo.  

viernes, 18 de agosto de 2017

BANAMEX, PORQUÉ LO DEJÉ Y OTRAS CONFESIONES


El ser humano tiene el derecho, pero más la obligación, de emprender con todas sus fuerzas válidas y lícitas a su alcance, las empresas y caminos para los que esté capacitado

Mi trabajo en Banamex por veinte años, junio 8 de 1954 a 30 abril 1974, sin falsa modestia y en opinión personal, ejemplares y con mucho que presumir y siempre la satisfacción del deber cumplido con un extra y de mutuo propio emprendimientos y aportaciones personales a favor de la institución, según he demostrado en los relatos y ampliaciones encabezados con dicho nombre, colaterales e historias complementarias a cada trozo de labores y encomiendas, aquí quiero explicar por qué dejé el banco en una posición del todo favorable.   
Sustancialmente por las razones que más abajo desgloso en relación con la institución, decidí probarme en empresas propias bajo el paradigma, conforme al enunciado propio que como referencia encabeza este artículo, de haber visto nacer, crecer y desarrollarse negocios, no pocos a asesoría y sugerencia personal, en varios clientes y conocidos, desechando irremisiblemente, a diferencia de algunos compañeros del banco que, contra las reglas establecidas, iniciaban o se asociaban en diversos comercios, desatendiendo en el grado que fuera, a veces drásticamente, sus capacidades en el cabal cumplimiento de las responsabilidades de su trabajo. 
Paralelamente a lo arriba expuesto, lo digo con todas sus letras y con el acto de contrición y derecho al que me sentía, si no merecedor correctamente, sí con motivos para tomar la decisión y los riesgos correspondientes, bajo el precepto de causa y efecto por mucho tiempo evaluado, ceder a las tentaciones de cupido, acunándome en diversos brazos, pero, considero adecuadamente, respetando a cabalidad la dignidad y honorabilidad del género femenino, anteponiendo absolutamente el veto a la relación de este tipo con compañeras,  empleadas y familiares de amistades.
Ajeno a lo anterior, para fuera del banco, rechacé muchas ofertas para ocupar puestos directivos empresariales y de socios industriales para iniciar explotaciones (v.gr. en Atotonilco don Víctor González Orozco $50,000.00 de 1955 o 1956 para otra distribuidora abarrotera y afines; Enrique Fonseca Navarro, 1956 o 1957 el cargo de gerente en la abarrotera La Casa Amarilla; la Distribuidora Vidriera y Similares de Aguascalientes una sucursal ahí mismo; el Sr. Miguel García de Alba de Zamora el manejo de sus negocios, etc. y hasta en varios bancos inmediato a mi renuncia a BNM, puestos de dirección en Guadalajara.           
Dentro de mi andar en Banamex, aunque entonces no lo tomé a pecho, si no como un acicate especial, la acción dictatorial del contador en Atotonilco a principios de 1954 a mi ingreso, por demostrarle un procedimiento administrativo equivocado en el banco. Luego en la misma sucursal permanecer innecesaria y por egoísmo de los superiores, siete años cuando al año y tres meses podía haber salido en un ascenso importante.
Al cambio, por fin, a la sucursal Guadalajara el 15 de mayo de 1961, la acción traicionera de mi antecesor en el departamento de Análisis de Crédito y por consecuencia el trato infame del primer subgerente, con quien se veían los estudios financieros, en un análisis de crédito correcto de un cliente.
Así mismo, después de las magníficas actuaciones en dicho departamento de Análisis de  Crédito, la subcontaduría de Guadalajara, contaduría de Tepic, subgerencia de Zamora; y ya para irme a abrir una sucursal, la trastada y engaño en 1966 del nuevo gerente de la Guadalajara y el Gerente Regional de la zona, pidiéndome el apoyo por seis meses como subgerente, para dejarme en el cargo indebidamente por dos años ocho meses, y entregarles el puesto a dos en vez de un sucesor por lo recargado de mis responsabilidades (a Enrique Pérez Maestre y José Quiroz Jr.) 
Las carencias de deferencias y reconocimientos en general, y en especial del director divisional y su gente, entre ellos un administrativo advenedizo del D.F. que en la Guadalajara nunca faltaban, quien además formó un grupillo de lambiscones, a fin de  enviarme a mi primera gerencia con exageradas e innecesarias advertencias y condicionamientos, donde superé con creces sus expectativas y senté un precedente de innovaciones y superación de opciones de servicio. Además, mi jefe divisional junto con su cuadrilla de cuida escritorios, me pidió que investigara en mi  nuevo destino acerca de los problemas etílicos y negocios que tuviera a quien le iba a recibir la gerencia. Al contestarle que no me correspondía ese trabajo, porque no era policía ni soplón, se cambió de tema. 
Dicha gerencia en sólo un año nueve meses la dejé como ejemplo a seguir por subsiguientes titulares, tuve que entregársela a mi sucesor durante más de mes y medio, agosto y más de la mitad de septiembre de 1970, porque se le hacía mucho el paquete,  de manera similar a la entrega de mi subgerencia de Guadalajara. Tuve que ocurrir a recibir mi siguiente destino gerencial a Guadalajara Independencia en quince días y volver, en septiembre, a terminar la entrega, sin dejar de notar la incapacidad que tenía para el puesto.
Unos tres o cuatro meses después, diciembre de 1970 o enero de 1971, el mismo director divisional, que como gerente de la sucursal Guadalajara, me había traído tan largamente ahí como subgerente, me pidió que si podía ir a sus oficinas para aclarar unas quejas que estaba presentando mi sucesor de la citada gerencia. Me imaginé claramente de lo que se trataba. A mi respuesta de “cuanto antes” me citó para las diez de la mañana del día siguiente.
Como era costumbre bromeé con la Srta. María Dolores Pelayo Gutiérrez, permanente secretaria de la Guadalajara y de la dirección, a mi respuesta afirmativa a su pregunta igualmente en broma de que si iba nuevamente a perder el tiempo, en vez de atender mi sucursal.   
Con más de una hora de retraso me pasaron a la sala de consejo, encontrándome ante siete sinodales o fiscales expectantes a mi ingreso.
-Montoneros, ¿eh?
-¡Para terminar más rápido! Felipe (expresión totalmente falsa)    
-Fíjate que nos han llegado una serie de quejas que esgrime el nuevo gerente en tu contra.     
-Ya me las imagino, vamos a verlas todas, de una por una.
Duramos más de cuatro horas desmenuzando cada caso. Afortunadamente expliqué y justifiqué ante lo bola de pirañas que empezaron queriéndome comer vivo; muy en específico el titular analizador de crédito, primo de una de los clientes a quien no le tenía fraternalmente ni remotamente buena voluntad; personaje que no me había ganado una en incidentes al caso de créditos durante mi gestión ahí; como buen cagatintas y cuidador administrativo falso de su escritorio, sin criterio para calificar la esencia conveniente del servicio a la clientela (estudios autorizados de los planes agrícolas para el maíz y lenteja)  y que por consecuencia no era yo santo de su devoción.
Al término de la prolongada reunión el director divisional occidente, concluye:
-No hay problema Felipe, aclarado, todo en orden
-No, sí hay problema; como no se levantó aquí acta pormenorizada de lo tratado y como las palabras se las lleva el viento, voy a enviarle tales cuales mis contestaciones por escrito; las elaboraré el domingo, tenga la seguridad, para no restarle tiempo a las ocupaciones nominales de mi trabajo. Así lo hice. Para cualquier aclaración conservé, y conservo, una copia de la contestación consistente en una decena o docena de hojas.      
Aparte de las anteriores, otras razones para abandonar BNM fueron por ejemplo, el ver casos de injusticia que dejaba suceder con empleados y funcionarios que al demeritar sus funciones y capacidades por enfermedad u otras circunstancias, los desamparaba y dejaba a su suerte, o simplemente despedía. 
Por el contrario, claro que hubo muchos momentos de especiales satisfacciones, como ingresar al banco después que don Urbano Diaz Aguirre me rogó durante tres años y su especial interés por llevarme a La Paz, B.C. en 1955 y su deferencia en Independencia Guadalajara en 1970 o 1971 por considerar innecesario y declinar como visitador de la Dirección General, practicar revisión, pidiendo destino a otra sucursal; las vueltas a los departamentos y suplencia a contaduría con el encuentro de anomalías económicas en caja chica, y el apoyo, básico e importante a la gerencia durante siete años en Atotonilco.      
Las dos idas en sendas semanas santas de 1960 y 1961, en días de descanso, a la sucursal Santa Mónica, a pedido de Salvador Dávalos Gutiérrez, y 30 días a Guanajuato en Nov. Dic. de 1962 en vez de salir de vacaciones, a pedido de Enrique Ezqueda Garibay, para solucionar entuertos en los tres casos que no es mi intención personalizar. El haber introducido dentro de mi subgerencia en Guadalajara a la filial AMESA, Arrendadora de Maquinaria y Equipo, después Arrendadora Banamex, por el interés en mi persona del director y fundador de la misma Sr. Roberto T. Marcor, mediante un curso de capacitación exprés en el D.F. Haber tomado parte como único subgerente (Zamora) en un plan piloto de dinámica de grupos para gerentes y funcionarios de dirección en la ciudad de México en mayo-junio de 1966 de cuatro semanas, con extensión de una más como premio (semana anual de Ejecutivos de Ventas) por los buenos resultados del extraordinario curso.
Gran satisfacción desde luego, haber impulsado muchos negocios y emprendimientos merecedores obviamente de apoyo, como en Zamora (plan de crédito agrícola con Heinz Alimentos par al cultivo de la fresa a ejidatarios, y la campaña olímpica de ahorros en que salí campeón regional) y Zacapu (plan de cultivo para el financiamiento, por primera vez tanto en la banca privada como oficial para el cultivo del maíz de temporal en el altiplano, así como en Coeneo y Huaniqueo para la lenteja) Por el contrario, la eliminación de clientes por créditos indebidos y viciados y, por lógica, peligrosos (v.gr. uso peremne de préstamos directos y simulaciones mercantiles, peloteo en Guadalajara Independencia, como deporte preferido, con cheques y chequeras falsas, donde el principal centro de aprovisionamiento era el mercado de abastos. etc.)    
Desde al inicio de mi carrera en Atotonilco, una efectiva y práctica enseñanza profesional si querías, me dediqué en todos mis cargos a colaborar con compañeros y funcionarios de manera espontánea, enseñando, sobre todo en dicho lugar a los de nuevo ingreso y como instructor en los cursos oficiales de capacitación en la Guadalajara. Además llevé de la mano a varios en planes de entrenamiento, así como a algunos en procesos de recuperación por recaídas en sus cometidos laborales.    
También intervine en casos que correspondían a otras sucursales o dependencias, que los clientes afectados por amistad y confianza me confiaban. Por ejemplo en Aperturas de Crédito de Habilitación o Avío y Refaccionario, en los que por falta de explicación, indicaciones precisas y falta de seguimientos, los acreditados invertían todo o la mayor parte del dinero indebidamente,  por ejemplo  en instalaciones fijas (refaccionario) en vez de en forrajes, vacunas y otros insumos para la producción (avío) y se iban a cartera vencida y hasta al departamento legal de manera injustificada, sin dejar de concurrir acciones inmorales diversas de  más de algún funcionario o abogado externo del banco.
De mutuo propio y por autorización del contador Enrique Moncada Hernández, en Atotonilco, ir en la noche a la hora que terminara el apagón consuetudinario de la, creo, Cía. Eléctrica de Chapala, a elaborar los duplicados diarios de las cuentas de cheques, que me correspondían, porque a falta de la máquina eléctrica, hacerlos con la sumadora mecánica manual tradicional Burroughs y un sello fechador de goma, quedaban horribles.
Las estupendas recepciones por mis antecedentes de carrera de los gerentes señores Amador Murguía Blancarte en Guadalajara, Gilberto Sarmiento Maldonado en Tepic y Claudio Pita Hurtado en Zamora; las atenciones y amistad con Enrique Esqueda Garibay, gerente en Atotonilco y Roberto de la Rosa Nuño, quienes me sacaron de Atotonilco en 1961; las deferencias y amistad con Francisco Morales Solórzano, a quien decidí presentarle, a principios  de marzo o abril de 1974, mi renuncia en la dirección general en el D.F. con el pretexto de que Adolfo Sánchez Medal, director divisional occidente, andaba de vacaciones en Europa; César Navarro Fernández, y muchos compañeros y compañeras más que reconocían y admiraban mi trayectoria en la institución.     
Lo hasta aquí nombrado, como anoto al principio de este trabajo, está contenido en sus respectivos relatos hasta abril de 1974 cuando decidí salir del banco. Mis diversas actividades a partir del 20 de mayo del mismo año en el medio editorial, y las de las demás actividades hasta el presente, que son bastantes, incluso lo faltante en orígenes y árboles genealógicos, espero terminarlos y darlos a conocer con la ayuda de Dios lo más pronto posible y darle curso a su publicación en los tomos o libros necesarios.   
Permítaseme también sin fin alguno de presunción, agradecer a Dios los privilegios que me ha concedido, hacer acto de contrición por mis acciones de libre albedrío. Mi memoria privilegiada que me ha permitido recordar cosas desde los dos años de edad; el descubrimiento del libro (Guillermo Tell) a los 4 años y la proeza de mi padre para leérnoslo) Llevar el primer lugar absoluto en la primaria; mis primeros trabajos formales inmediatos. Mi actuación exitosa en el ramo de las publicaciones y de asesor en seguros; la capacidad para escribir mis vivencias y relatos y el blog en que están una parte de ellos, el árbol genealógico en internet y muchas otras cosas. 
Además haber tenido el tino de a regañadientes obligar, tal cual, a mi padre para que, una vez que le pedí que dejara cada año de trabajar seis meses en los EUA, porque nos hacía falta y como padre sustituto ya no podía con mis hermanos, en vez de ocuparse de un trabajo deel todo inconveniente ahí en Atotonilco, a sus espaldas convine con el Sr. Trinidad Vázquez el traspaso de la tienda de abarrotes ubicada en la esquina norte de Colón y Javier Mina, donde ahora continúa café El Zancas; siendo esta miscelánea para buena fortuna, el principal sostén familiar incluso para otros de  mis hermanos, donde colaboré significativamente  no obstante mi trabajo, en su buen desarrollo.

domingo, 4 de junio de 2017

DANZA DE SAN VITO

La dedicación total primerisimamente a las clases de la escuela, desde el ingreso el primer lunes del año 1945 a primer año o párvulos en la Escuela Urbana Foránea Oficial para Niños No. 15 Benito Juárez en Atotonilco el Alto, Jal., a cargo de la directora María Felícitas Sánchez Ramírez, turno mixto de lunes a viernes de 9 a 12 y de 15 a 17 horas, ubicada en la esquina de Juárez y Madero y hacia atrás o sur hasta Jardín Hidalgo, ahora López Cotilla, en el centro de la ciudad, junto con el hacer en la misma escuela otras cosas, como encargarme del manejo de la tiendita o cooperativa escolar, ocupaban realmente más tiempo que un niño, aunque crecidito, de nueve años debería de hacer.      
Además de que desde el primer miércoles, tres días después, al impacto de descubrir el cine (relato La primera vez que fui al cine y cuatro siguientes) hacer algunos mandados, agenciármelas para pagar esta afición de casi todos los días de la semana, alquilar en la plaza a la salida de la escuela los paquines, chamacos y otros monitos o cómics, y casi de inmediato, una vez que pude juntar las letras, leer de corrido, hacer dibujos y reseñas de ambos apegos incrustados irremisible y permanentemente en mi vida, así como leer todo lo que podía adquirir o llegaba a mis manos; quedarme varias veces sin desayunar y mal comer por corretear a todo lo descrito, razonablemente tenía que traer consecuencias.
Así, ya cursando el quinto, de 14 años, a principios de 1950, se me empezaron a caer de las manos los platos y los vasos de las comidas por tembloroso que me puse. Mi padre, siempre muy rígido y de carácter muy fuerte, me regañaba y también golpeaba ignorando lo que pasaba. Algunos parientes y vecinos dijeron que tenía Danza de San Vito y que en Guadalajara había un doctor que la curaba. Así, mi papá me llevó a recetar con el Dr. Roberto Dali o Dalli, ubicado en Álvaro Obregón entre las calles 32 y 34 en el barrio de San Felipe de Jesús en la zona oblatos del Sector Libertad. El 79 de la 32 (Román Morales) es ahora la casa de mi hermana Mercedes y lo era entonces de doña Eufrosina Rodríguez viuda de González y a la vez de mi tía Irene, hermana menor de mi madre, que ya casada con Roberto González Rodríguez ahí vivía y fue el conducto para ir con el médico.
Persona de edad el doctor, muy seguro me confirmó el diagnóstico Danza o Baile de San Vito en la variedad de Corea; que había venido por tanto tiempo de debilidad; que necesitaba un buen lapso de reposo y muy buena alimentación. Me recetó un medicamento llamado Perepar (inyecciones tomadas) que tenían muy mal sabor y olor.
Mi tía Amelia, también hermana de mi madre, casada con Manuel Muñoz Hernández a la vez hermano de Luz esposa de mi tío Gabriel, que se había dado cuenta como todos, de lo que me pasaba, pidió que me mandaran con ella al rancho El Saucillo donde vivía, a unos kilómetros por la carretera a San Francisco de Asís. Después de más o menos tres meses ahí, de vivir como rey alimentándome y tomando mi medicamento con puntualidad estricta, me regresé totalmente curado a continuar con mi curso escolar sin menoscabo alguno. Al caso, las cuñadas de mi tía, Socorro, Nena, Angelina y hasta el hermano Juan, me trataban como niños con juguete nuevo y ellas en especial me hacían desatinar mucho.
Al investigar el padecimiento, caí en cuenta que era y es de gravedad, primeramente que Dios me alivió, que el médico Dali era una maravilla e igual los familiares de El Saucillo, y que la enfermedad posiblemente estuviera aún incipiente en mi cuerpo.     
“Baile (o danza) de San Vito, llamada enfermedad de Huntington (George) Nueva York 9/4/1850 id 3/5/1916, la descubrió en 1872. Enfermedad neurológica degenerativa incurable con 15 a 20 años de evolución” etc.
Deseo agregar que el curso de mi vida continuó con más variedad, ímpetu y dedicación. Al salir de la primaria en junio de 1951 de inmediato empecé a trabajar, no faltándome actividad física. (trabajos en Casa Valle y tienda La Colmena) Sin embargo, aunque ya me alimentaba bien, estaba un tanto flaco y esquelético. Realicé algunas actividades físicas; y en especial las de mayor calado posteriores, al prestar el servicio militar nacional obligatorio, me fortalecieron mucho.       

lunes, 22 de mayo de 2017

BANAMEX ZAMORA, TEMBLOR Y OTROS SUCEDIDOS

Cuando después de diez meses como contador en Tepic, Nay., me nombró Banamex subgerente en Zamora, Mich., en mayo de 1964; trasladándome en la línea Omnibús de México a mi nuevo destino, después de transbordar a ésta proveniente del primer lugar mencionado, unos kilómetros antes de llegar el autobús se empezó a remolinear mucho y por poco se sale de la carretera. Creímos los pasajeros que el operador andaba en mal estado. Una vez que después de largos segundos logró controlar la unidad nos informó que estaba ocurriendo un temblor.
Encontramos Zamora en total oscuridad. El Hotel México en el que me habían recomendado que me hospedara, ubicado en la calle Guerrero, a media cuadra entre Las Avs. Madero y Morelos, en pleno centro de la ciudad, era también terminal del autobús, así como de los de otras líneas. El propietario y administrador, creo de nombre José pero no recuerdo sus apellidos, había encendido varias lámparas; era muy conocido y buena persona. Como en Tepic menos de un año antes, no escogí, para mi estadía de más o menos un mes, mientras encontraba casa y me llevaba a mi familia, el mejor hotel, que en Zamora era El Fénix por la misma Av. Madero en la colonia Jardines de Catedral. Me pareció bien el sugerido, la buena química con el dueño y además porque estaba a unos pasos del banco.  
Aparte de lo que precede, deseo agregar lo siguiente al relato Banamex Zamora.
A un poco más de una docena de kilómetros de Zamora por la carretera a Morelia, ya en el municipio de Tangancícuaro, se encuentra el Parque Nacional Lago de Camécuaro (decreto de Lázaro Cárdenas 8/12/1941) que es una maravilla de la naturaleza y lugar muy concurrido nacional e internacionalmente. La Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1960. Para profesionales de la comunicación, iucluso cineastas, ha sido un magnífico escenario. Estuve varias veces ahí. Los servicios entonces, subvencionados a los ejidatarios, eran algo rústicos pero de buena calidad, aunque no faltaban algunos brotes de inseguridad.                
Por la misma salida un poco después de Tangancícuaro, inicia la cañada de los Once Pueblos, ubicados todos en el municipio de Chilchota, cada uno de ellos, a pocas distancias, joyas de la cultura y costumbres purépechas, como todos los lugares del estado; son: Urén, Tanaquillo, Acachuén, Santo Tomás, Zopoco, Huáncito, Ichán, Tacuro, Carapan, San Juan Carapan y Chilchota. 
Tangancícuaro como Chilchota eran nuestras corresponsalías de la jurisdicción de Zamora y obviamente en los citados pueblos de la cañada teníamos clientes de los que recuerdo por ejemplo un comerciante bastante próspero en Carapan que se llamaba Agustín Benjamín Valentín, concurrencia en nombres y apellidos muy común en Michoacán. Además eran corresponsalías, que casi todas luego se transformaron en sucursales Banamex: Purépero, Los Reyes, Tingüíndín, Peribán, Chavinda, Santiago Tangamandapio, Ixtlán de los Hervores, Ecuandureo. Jacona, todavía entonces no conurbada, la atendíamos como local.
Quiero repetir por su importancia, aunque sí los consigno en el relato Banamex Zamora, el plan único hasta donde sé, de financiamiento agrícola al cultivo de fresa, en coordinación con la empresa Heinz Alimentos, a productores ejidales a partir desde una hectárea y hasta menos, el cual mi jefe, don Claudio Pita Hurtado, dejó a mi elección aceptarlo de parte del banco y que fue, con sus circunstancias especiales, como aglomeraciones excesivas en el recinto de la sucursal por anomalías del delegado de Heinz, un verdadero éxito y precedente que no se continuó en la institución.   
Así mismo, igualmente luego desestimada por el banco, la campaña Olimpiada Nacional de Apertura de Cuentas de Ahorro promovida con motivo de los Juegos Olímpicos de 1968 en que obtuve el Campeonato Nacional de Región Occidente por número de cuentas aperturadas. El trabajo para conseguir el galardón fue verdaderamente titánico mediante la promoción en las escuelas primarias, particulares y oficiales, de la Perla del Duero.
Y para no extenderme más, mi participación, como subgerente, en el seminario piloto de BNM en la ciudad de México, para gerentes y funcionarios de dirección seleccionados, sobre el tema algo así como la toma de decisiones o reacción personal psicológica ante la actuación personal como parte de la institución. El curso de cuatro semanas, lunes 30 de mayo a viernes 24 de junio de 1966, fue muy significativo y se nos premió asistir al término a la semana anual de Ejecutivos de Ventas.
Para asistir a la inauguración del Estadio Azteca el domingo 29, llegué al D.F. el sábado 28. Nadie de los compañeros ya arribados me quiso acompañar, asistiendo solo al juego América vs Torino de Italia. Empate a 2, iban 2-0 los cremas, goles de Arlindo y Zague, alcanzándolos Torino con goles de Gualtiere. Por cierto Televisa al celebrar el 50 aniversario el año pasado, mentirosamente dijo que el 80% de los asistentes eran fans del América, cuando simplemente por los espacios asignados a las porras, el del Guadalajara, no siendo local, era el doble del de cualquier capitalino y el que más se le acercaba era el del Atlante y enseguida el del Necaxa.      

miércoles, 17 de mayo de 2017

CLUB ATOTONILCO DE FUTBOL

Este club era desde luego el más antiguo e insignia de la actividad futbolera de Atotonilco el Alto en los cuarentas del pasado siglo veinte,  así sucedía al inicio de 1945 cuando llegamos la familia de la Torre Galindo a El Vergel de Jalisco o Puerta de los Altos, como se le llama a esta singular ciudad de los Altos de Jalisco. A falta de otro club competidor se dividía en primera y segunda fuerza, siendo ambas bastante buenas y difícilmente admitían nuevos jugadores.   
Entonces la competición con los demás clubes de poblaciones vecinas se manejaba por intersonas y Atotonilco correspondía a la zona No. 5 donde competía con las dos fuerzas propias. Recuerdo claramente que entre los competidores más aguerridos del grupo competidor estaban los clubes de Tototlán, Ayo el Chico (ahora Ayotlán) San José de Gracia y San Francisco de Asís, con los que se escenificaban verdaderas batallas que trascendían a veces al público asistente y eran tópico de enconadas discusiones y a veces de  moquetizas tremendas. A un partido contra Ayo, que creo fue un 5 de enero, se transportaron en el camión tortón o troca Fargo de mi papá. El camino era por una brecha que pasaba por Santa Rita. Se perdió el partido; nos apedrearon a la salida y como estaban lloviendo cabañuelas nos quedamos atascados hasta el día de reyes sólo mi papá, un ayudante y yo, hasta que en esa mañana con yuntas de bueyes se desatascó el  camión.     
Entre los integrantes de la primera fuerza, buenos jugadores todos, recuerdo a Rafael Aceves (portero) Ignacio Castellanos Flores, Francisco Fonseca Rojo, Lorenzo Escoto “El Cache” su hermano “Titos” que no recuerdo su nombre, Raúl González González, que jugó como centro delantero en el Atlas, Agustín Contreras “El Abuelito”, un interior izquierdo muy bueno apodado El Moruso, que también se fue a Guadalajara, José El Chaparro  Barragán,  muy fuerte, centro medio, que también luego se fue a vivir a Guadalajara, por el rumbo de la colonia Santa María. De la segunda: Nazario Aceves que por mucho tiempo manejó un esquipo propio, Luis Aceves “La Tabla” hermano del portero Rafael, Javier Oliva (el gancho) Manuel García “La Pavita” del que yo era su cargador de mochila, después Jesús Muñiz que se probó en el Atlas, y al tiempo mis hermanos Ramón y Adolfo ambos como defensas derechos,  y muchos otros que no recuerdo.
En los 1950´s aparecieron los verdes del Independencia, cuyo antecedente fue el Victoria que el abuelito integró básicamente con ex alumnos de mi generación de la escuela primaria oficial Benito Juárez, en el que sobresalían Pantaleón “Panta” portero, Gerardo Orozco, David Verduzco, “El Alechuso” Hernández, no recuerdo su nombre, pero sí que se fue al seminario del clero en Guadalajara y el equipo de ahí muy bueno como él, vino a jugar algunas veces a Atotonilco;  Manuel Curiel (Pepín) que también era muy bueno, y otros.
Así mismo, se formó el Cuauhtémoc con uniforme predominante en rojo, en el que sobresalía entre otros el güero Rigoberto Estrada ”El Güero Guateque” mi hermano José Luis estuvo ahí también como defensa derecho. El Industrias Unidas de Atotonilco nació un poco antes del Victoria (ver relato) que duró poco porque la empresa quebró, obviamente formado con trabajadores de la misma.
Al quitarse el sistema de intersonas se creó la liga local, en la que el Atotonilco luego desaparece, dándose de alta otros equipos, entre ellos el de Calzado Pepín que contaba con varios jugadores del Independencia.