domingo, 5 de julio de 2015
lunes, 16 de marzo de 2015
FOBAPROA IPAB
El Fondo Bancario para la Protección del Ahorro,
FOBAPROA, ahora Instituto para la Protección del Ahorro Bancario, IPAB, es un
asunto que representa para México un problema cuasi imposible de solucionar. Es
el peor atraco económico, y también moral, que sus malos gobiernos hayan
propinado jamás a este país.
¿Que hubo abusos, manga ancha, compadrazgos, autopréstamos, planes fraudulentos para obtener créditos; privatizaciones pagadas con este tipo de ilícitos, lo que se dice, con saliva, tráfico de influencias y muchos etcéteras? ¡Los que hubo! Si no, no tendríamos encima semejante problema, que desgraciadamente vienen a sumarse a muchos otros, acumulados en los últimos cinco sexenios de mal gobierno.
Por otra parte, dentro de esas centenas de miles de millones de pesos, están millones de micro, pequeñas y medianas empresas, personas morales o físicas, que no les quedó otra que quebrar. Negocios muchos, no improvisados, sino con años de experiencia y buena, normal, operación, que con una planta productiva del país prácticamente paralizada, no podían hacer nada.
Todas las empresas y particulares han tenido que sufrir las crisis económicas recurrentes de los últimos cinco gobiernos. La con mucho peor de todas, desatada a partir del fatídico 19 de diciembre de 1994, está todavía muy lejos de cerrar las heridas que ha provocado. Las cuentas originales en el IPAB están incrementadas con los descomunales intereses por lo que los deudores no pudieron pagar ¡Cómo iban a poderlo hacer, si de golpe y porrazo los vieron elevados hasta más de ocho veces!
¿Cómo solucionar o buscarle la mejor salida a este asunto? Por lo pronto, con todo y los tiempos políticos tan intensos, deben aclararse debidamente los créditos fraudulentos, que constituyen la mayor parte de este mundo de dinero, para ejercer todo el peso de la ley contra los responsables y con sus cuantiosos bienes que ¡claro! siguen usufructuando como si nada, amortizar sus deudas. Proceder de manera similar con las empresas que pueden pagar sus megacréditos pero no han querido, y del resto recuperar lo recuperable, después de analizar con el sano criterio de que de lo perdido lo que aparezca.
En semejante cantidad de casos hay muchas garantías y bienes que para que no sean botín de deshonestos apetitos, deben manejarse con una rigurosidad e incorruptibilidad extrema por gente capaz estrechamente vigilada, rindiendo periódicamente al pueblo información fehaciente de su gestión. (Nota, tomar en cuenta la fecha de publicación de la siguiente línea)
05022001.
Acordémonos también de otros fondos, fideicomisos,
planes, programas y varios etcéteras, que han tenido supuestamente como
objetivo enderezar o revivir causas perdidas o a medio perder. Sus resultados
han sido casi siempre, prolongar agonías de enfermedades graves y peor
aún, engrosar las fortunas de favoritos
y miembros del gobierno.
En el obeso FOBAPROA-IPAB, hay más de 800 mil
millones de pesos. Su vientre lo forman en gran parte los megacréditos no
pagados de macroempresas y supermillonarios que siguen operando como si nada, ¡ladrones
de cuello blanco solapados por las autoridades!¿Que hubo abusos, manga ancha, compadrazgos, autopréstamos, planes fraudulentos para obtener créditos; privatizaciones pagadas con este tipo de ilícitos, lo que se dice, con saliva, tráfico de influencias y muchos etcéteras? ¡Los que hubo! Si no, no tendríamos encima semejante problema, que desgraciadamente vienen a sumarse a muchos otros, acumulados en los últimos cinco sexenios de mal gobierno.
Por otra parte, dentro de esas centenas de miles de millones de pesos, están millones de micro, pequeñas y medianas empresas, personas morales o físicas, que no les quedó otra que quebrar. Negocios muchos, no improvisados, sino con años de experiencia y buena, normal, operación, que con una planta productiva del país prácticamente paralizada, no podían hacer nada.
Todas las empresas y particulares han tenido que sufrir las crisis económicas recurrentes de los últimos cinco gobiernos. La con mucho peor de todas, desatada a partir del fatídico 19 de diciembre de 1994, está todavía muy lejos de cerrar las heridas que ha provocado. Las cuentas originales en el IPAB están incrementadas con los descomunales intereses por lo que los deudores no pudieron pagar ¡Cómo iban a poderlo hacer, si de golpe y porrazo los vieron elevados hasta más de ocho veces!
¿Cómo solucionar o buscarle la mejor salida a este asunto? Por lo pronto, con todo y los tiempos políticos tan intensos, deben aclararse debidamente los créditos fraudulentos, que constituyen la mayor parte de este mundo de dinero, para ejercer todo el peso de la ley contra los responsables y con sus cuantiosos bienes que ¡claro! siguen usufructuando como si nada, amortizar sus deudas. Proceder de manera similar con las empresas que pueden pagar sus megacréditos pero no han querido, y del resto recuperar lo recuperable, después de analizar con el sano criterio de que de lo perdido lo que aparezca.
En semejante cantidad de casos hay muchas garantías y bienes que para que no sean botín de deshonestos apetitos, deben manejarse con una rigurosidad e incorruptibilidad extrema por gente capaz estrechamente vigilada, rindiendo periódicamente al pueblo información fehaciente de su gestión. (Nota, tomar en cuenta la fecha de publicación de la siguiente línea)
05022001.
SOBRE LA SITUACIÓN MEXICANA
A partir de 1810
hasta nuestros días, 190 años después, México como país independiente no
ha dejado de tener graves problemas políticos, económicos y sociales. Desde la guerra
de independencia, jefaturada por Hidalgo en vez de Allende, que pudiera haberse
finiquitado rápidamente con la toma de la ciudad de México, si el padre de la
patria no desiste de ello, cometiendo así el más grave de sus errores tácticos,
hasta el presente, de una manera u otra, la nación no ha alcanzado, ni
remotamente, sus aspiraciones legítimas y posibles.
Con mucho la peor desgracia fue la pérdida de la mitad del territorio nacional en favor de nuestros eternos enemigos y vecinos del norte los Estados Unidos. Se apañaron de lo que ahora son sus joyas estatales más preciadas: California y Texas y además Arizona y Nuevo México y partes menores de lo que son otros de sus estados colindantes.
El siglo XX le dio sus primeros diez años al último tercio del porfiriato, que como toda dictadura, se encontraba ya muy descompuesto, aunque le había traído al país su primera etapa real de paz, orden y trabajo relativos. El veinte de noviembre de 1910, casi todavía en los festejos del centenario de la independencia, estalla la revolución que en lucha armada, si le agregamos la etapa cristera, como la mayoría considera, duró hasta 1929. ¡Nada más diecinueve años! Con todo, algunos representantes del poder septuagenario que aún nos gobierna, creen y sostienen por sus apetitos de poder que seguimos en esta etapa casi centenaria de revolución.
Con la gesta armada vuelven, con diferentes nombres, los mismos fantasmas del siglo anterior. Asonadas, traiciones, cambios reversibles de bando. Pillaje, violaciones, expulsiones al extranjero. El reparto de tierras o el usufructo de éstas, en gran parte es a nuevos hacendados, revolucionarios o amigos de los que están en el poder o en éste ellos mismos.
A muchos verdaderos campesinos nunca les tocó nada. Gran parte de éstos, por ejemplo los de las héroicas tierras jaliscienses de los Altos, por principios o escrúpulos no aceptaban lo que consideraban un robo a sus verdaderos dueños. Además, no atinaban a considerar legítimo a un gobierno medrando entre cambios y traiciones. De esta manera, se hicieron no pocos agraristas que de gente de campo no tenían nada, pero sí amigos en el gobierno y en los comisariados ejidales.
En 1929 Plutarco Elías Calles fundó el partido político que, con cambios de nombre, es el mismo que a cómo ha dado lugar, sin desdeñar cualquier recurso ilegal o maña, detenta el poder en este país. Poder hasta hace unos años total y absoluto, de "carro completo", como orgullosa y sarcásticamenmte pregonaban y decían iban a seguir usufructuando siempre.
Hay miles de priistas hoy en día, que a toda costa quieren seguir en el pandero. La mayoría de las naciones del planeta han cambiado sabiamente a la alternancia política, base de la democracia. Poderosos personajes en México, del más alto nivel económico, político y social, defienden por obvias razones, dígase cotos de poder y otros intereses creados, la permanencia del sistema anquilosado y dinosaúrico que por maldad o lógica dinámica inercial, nos ha hecho tanto daño.
Amiguismo, alta participación económica en los grandes negocios y muy jugosas y viles "mochadas", han creado una élite, un enorme club, cuyas membresías se cuidan y protegen con el más estricto celo. No por nada tenemos un lugar preponderante en las listas de los hombre más ricos del mundo.
Las concesiones favoritarias de todo tipo de negocios, otorgadas en todo tiempo en este país, se han elevado al cuadrado en los últimos neoliberales años. Fácilmente podemos identificar los grandes negocios de la novísima clase dorada mexicana, aún en plena expansión empresarial, como lo demuestran las adquisiciones de grandes negocios. Paquetes aeroportuarios, hoteleros, bancarios, etc, son licitaciones permanentes del gobierno, por razones ipabenses, vendidas muy por abajo de sus costos reales. Al fin y al cabo la gran diferencia, hasta del 80%, corre a cargo del erario público.
A partir de 1995 sufrimos la crisis económica más fuerte de los últimos veinticinco años. Ha repercutido de manera desastrosa en millones de pequeños y medianos empresarios y como nunca antes, en el aspecto moral. La pobreza alcanza la mitad de la población y la pobreza extrema la mitad de ésta, aproximadamente ¡Que desgracia! ¡Cincuenta y veinticinco millones de mexicanos!.
A pesar de todo esto, el pueblo mexicano está vivo y de pie, dispuesto a salir adelante como siempre lo ha hecho. Debe sacudirse de manera definitiva los problemas añejos que lo aquejan. De las grandes crisis, y ésta lo es en extremo, han salido las grandes soluciones. El usufructo del país por una anciana dictadura de partido está cobrando sus últimos malhabidos dividendos.
(Nota, tomar en cuenta la fecha de emisión de la línea siguiente)
05022001
Morelos,
magnífico, que debía haber tomado el mando absoluto a la muerte de Hidalgo, a
quien el movimiento insurgente debe sus más gloriosos momentos, cae en 1815
abandonado de sus correligionarios, ante un gobierno virreinal robustecido. En
1821 ¡Once años después del grito de Dolores! Iturbide, férreo enemigo hasta
entonces de los insurgentes, consuma la independencia, para erigirse al siguiente
año en fugaz e inconveniente emperador de los mexicanos.
El siglo XIX, llamado por algunos analistas el de
los caudillos, fue desde su inicio, el de las más terribles e infelices
desgracias para el país. Transcurre entre asonadas, revoluciones y choques de
intereses fraternos, incluidas las etapas pre y de guerra de independencia;
invasiones de los norteamericanos y europeos con todo y su imperio austriaco.
Caudillos dictadores aferrados al poder, como Antonio López de Santa Anna, el
mismo Benito Juárez y Porfirio Diaz. Con mucho la peor desgracia fue la pérdida de la mitad del territorio nacional en favor de nuestros eternos enemigos y vecinos del norte los Estados Unidos. Se apañaron de lo que ahora son sus joyas estatales más preciadas: California y Texas y además Arizona y Nuevo México y partes menores de lo que son otros de sus estados colindantes.
El siglo XX le dio sus primeros diez años al último tercio del porfiriato, que como toda dictadura, se encontraba ya muy descompuesto, aunque le había traído al país su primera etapa real de paz, orden y trabajo relativos. El veinte de noviembre de 1910, casi todavía en los festejos del centenario de la independencia, estalla la revolución que en lucha armada, si le agregamos la etapa cristera, como la mayoría considera, duró hasta 1929. ¡Nada más diecinueve años! Con todo, algunos representantes del poder septuagenario que aún nos gobierna, creen y sostienen por sus apetitos de poder que seguimos en esta etapa casi centenaria de revolución.
Con la gesta armada vuelven, con diferentes nombres, los mismos fantasmas del siglo anterior. Asonadas, traiciones, cambios reversibles de bando. Pillaje, violaciones, expulsiones al extranjero. El reparto de tierras o el usufructo de éstas, en gran parte es a nuevos hacendados, revolucionarios o amigos de los que están en el poder o en éste ellos mismos.
A muchos verdaderos campesinos nunca les tocó nada. Gran parte de éstos, por ejemplo los de las héroicas tierras jaliscienses de los Altos, por principios o escrúpulos no aceptaban lo que consideraban un robo a sus verdaderos dueños. Además, no atinaban a considerar legítimo a un gobierno medrando entre cambios y traiciones. De esta manera, se hicieron no pocos agraristas que de gente de campo no tenían nada, pero sí amigos en el gobierno y en los comisariados ejidales.
En 1929 Plutarco Elías Calles fundó el partido político que, con cambios de nombre, es el mismo que a cómo ha dado lugar, sin desdeñar cualquier recurso ilegal o maña, detenta el poder en este país. Poder hasta hace unos años total y absoluto, de "carro completo", como orgullosa y sarcásticamenmte pregonaban y decían iban a seguir usufructuando siempre.
Hay miles de priistas hoy en día, que a toda costa quieren seguir en el pandero. La mayoría de las naciones del planeta han cambiado sabiamente a la alternancia política, base de la democracia. Poderosos personajes en México, del más alto nivel económico, político y social, defienden por obvias razones, dígase cotos de poder y otros intereses creados, la permanencia del sistema anquilosado y dinosaúrico que por maldad o lógica dinámica inercial, nos ha hecho tanto daño.
Amiguismo, alta participación económica en los grandes negocios y muy jugosas y viles "mochadas", han creado una élite, un enorme club, cuyas membresías se cuidan y protegen con el más estricto celo. No por nada tenemos un lugar preponderante en las listas de los hombre más ricos del mundo.
Las concesiones favoritarias de todo tipo de negocios, otorgadas en todo tiempo en este país, se han elevado al cuadrado en los últimos neoliberales años. Fácilmente podemos identificar los grandes negocios de la novísima clase dorada mexicana, aún en plena expansión empresarial, como lo demuestran las adquisiciones de grandes negocios. Paquetes aeroportuarios, hoteleros, bancarios, etc, son licitaciones permanentes del gobierno, por razones ipabenses, vendidas muy por abajo de sus costos reales. Al fin y al cabo la gran diferencia, hasta del 80%, corre a cargo del erario público.
A partir de 1995 sufrimos la crisis económica más fuerte de los últimos veinticinco años. Ha repercutido de manera desastrosa en millones de pequeños y medianos empresarios y como nunca antes, en el aspecto moral. La pobreza alcanza la mitad de la población y la pobreza extrema la mitad de ésta, aproximadamente ¡Que desgracia! ¡Cincuenta y veinticinco millones de mexicanos!.
A pesar de todo esto, el pueblo mexicano está vivo y de pie, dispuesto a salir adelante como siempre lo ha hecho. Debe sacudirse de manera definitiva los problemas añejos que lo aquejan. De las grandes crisis, y ésta lo es en extremo, han salido las grandes soluciones. El usufructo del país por una anciana dictadura de partido está cobrando sus últimos malhabidos dividendos.
(Nota, tomar en cuenta la fecha de emisión de la línea siguiente)
05022001
LA NUEVA BANCA MEXICANA
El 1 de septiembre de 1982, en su último informe de
gobierno, en un acto esquizofrénico e inconstitucional, el presidente José
López Portillo, 1976-82, estatizó los bancos. En trato desigual dejó fuera de
la expropiación de manera incongruente con su actitud, a los bancos: Obrero,
del Pequeño Comercio del Distrito Federal, luego Banco Nacional de Comercio
Interior: Bnci; Citibank y a los mixtos u oficiales. Miguel de la Madrid
Hurtado, 1982-88, no hizo nada al respecto, ni tampoco con otros problemas
igualmente muy graves que se venían acumulando en el país. Luis Echeverría
Álvarez, 1970-76, había iniciado la nefasta cadena de desaciertos que hasta el
presente no tiene fin.
Creyeron los nuevos dueños del sistema financiero mexicano en las enormes espectativas de enriquecimiento que ofrecía el supuesto gran auge económico inmediato para el país, tan cacareado por el salinismo oficial y privado. Les urgía empezar a recuperar el desproporcionado precio que habían pagado por un negocio en teoría buenísimo, pero en la realidad, muy venido a menos durante la infausta estatización lopezportillista.
Así, abrieron y prodigaron el crédito mucho más allá de las reglas y normas saludables del mismo. En muchos casos con enormes anchura de manga y altura de pesos, destinados irresponsablemente a proyectos insustentables. Los favorecidos de muchos de estos despilfarros fueron grandes empresas proclives al sistema, amigos, políticos y sus partidos o simplemente auto préstamos para y entre los mismos banqueros. En este orden de cosas, la emisión múltiple de tarjetas de crédito para la más variada y disímbola masa de usuarios, fue un verdadero dispendio.
También diseñaron y construyeron en plan de gran lujo, pues se creían ya magnates del primer mundo, verdaderos elefantes blancos o núcleos corporativos que ahora están semi o totalmente desocupados, en espera de compradores o inquilinos. Muestras de estos elefantes blancos, sólo en Guadalajara, son el de Av. Chapultepec cruce con Hidalgo y Morelos, en lo que fue la anterior sede de la Cámara de Comercio, considerado el edificio más alto de la ciudad; la Torre Inverlat en la Av. de las Américas a la altura del Country Club en la colonia Providencia, y, para no mencionar más, el edificio corporativo del Banco del Atlántico en Av. Patria, por el rumbo del Parque de los Colomos.
De manera persistente, también estuvieron despidiendo personal valioso y fiel, supliéndolo con gente muchas veces inadecuada e inexperta, sin amor a la camiseta, que no tardó en provocar algunos problemas serios. Los despidos fueron en su mayoría mediante liquidaciones o jubilaciones prematuras, costosas, muchas veces a presión. No faltaron en esto, en ambas vertientes, casos de marcado favoritismo o de verdadera cacería. Por otra parte, así mismo, recibieron elementos contaminados ingresados en la etapa oficial.
Este estado de cosas, no obstante el descomunal despliegue propagandístico oficial y en parte también privado, dadas las circunstancias del maridaje descrito entre ambos sectores, no podía terminar bien, por más que se quisiera hacer ver lo contrario. El desastre se presentó el 19 de diciembre de 1994, a 19 días de haber entregado Salinas de Gortari el poder a Ernesto Zedillo. El gabinete económico del nuevo presidente desató ese día, a todas luces de manera insensata y prematura, los demonios de la devaluación, iniciando así la peor crisis recurrente económico-social de los últimos veinticinco años.
Las graves heridas de esta debacle financiera están todavía muy lejos de sanar, no obstante que a toda costa se nos diga lo contrario. Los aspirinoides intentos de solución no han atacado las causas u orígenes del problema.
La situación mandó a la quiebra a millones de empresas, principalmente micro, pequeñas y medianas ¡Cómo no! si los costos de los créditos bancarios llegaron a subir, en casos concretos, de un 23 hasta un 150% anual de intereses ¡Más de ocho veces! Nadie podía pagar, y menos mediando una paralización casi total de las actividades formales. Al derrumbe económico se agregó, como nunca antes, el daño moral, que a diferencia de las crisis sexenales anteriores, ha afectado muchísimo más esta vez.
No obstante las serias manifestaciones en contra y los graves problemas advenidos al país, el gobierno zedillista ha sido fiel continuador del sistema neoliberal de gobierno, a la mexicana, que Salinas de Gortari impulsara de manera tan viciada en el país. Las bondades que en otros países, principalmente desarrollados, pueda tener este sistema económico, en México, seguramente por la forma corrupta empleada, nadie puede negar que ha causado terribles daños.
La mitad del pueblo vive en la pobreza y la mitad de ésta en el desamparo extremo ¡Cincuenta y veinticinco millones respectivamente! Somos de los principales países con más supermillonarios del mundo, según las listas de Forbes y Fortune, en las que los banqueros mexicanos forman parte. En las listas de espera o antesala, hay varios connacionales más y otros que por derecho propio, si no ocultaran sus enormes capitales, ya deberían figurar en este club de ricos.
Para afrontar, o entretener, este descomunal problema económico y social, el gobierno decidió, con los recursos del erario, rescatar o alojar la cartera vencida de los bancos en el Fondo Bancario para la Protección del Ahorro, FOBAPROA, que luego cambió a Instituto para la Portección del Ahorro Bancario, IPAB. Ambos han sido materia de agrias, prolongadas y violentas discusiones en las Cámaras de Diputados y Senadores y en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
El IPAB aloja en su seno más de 800,000 millones de pesos ¡Cerca de 90 mil millones de dólares! Se encuentra incluida aquí la crema y nata de los mega créditos bancarios sucios mencionados antes. Grandes consorcios empresariales que siguen operando jugosos negocios tanto nacional como internacionalmente, neo banqueros y empresarios prófugos que el gobierno no puede, o no quiere enjuiciar y hasta algún partido político, engrosan este mundo de dinero.
Las espectativas más optimistas de recuperación por la venta de estos activos en el IPAB, no llegan a la tercera parte. Así pues, hablemos de cobrar, a plazo, en el mejor de los casos, unos $260,000 y perder $540,000 millones de pesos.
De las dieciocho instituciones de cobertura nacional o regional que iniciaron la nueva era bancaria, quedarán menos de la mitad en unos meses. Desaparecerá Serfin en el seno de Santander Mexicano, Promex en la fusión de BBVA y Bancomer y luego Bancrecer en quien lo compre, que será por unos platos de lentejas en relación con su costo de rescate, como sucedió con Serfín y con la extranjerización de Inverlat en beneficio del Banco de Nueva Escocia, de origen canadiense.
Quedaría la nómina bancaria del país por el momento así: BANAMEX, BBVA-BANCOMER, SANTANDER MEXICANO, BANORTE, BITAL, INVERLAT y CITIBANK. En el camino fueron quedando, por rescate federal entregando sus carteras de crédito vencidas al Fobaproa o Ipab y sus cuentas de depósitos a los bancos compradores, o por alianzas y fusiones, entre otros: Banco Mexicano, antes Mexicano Somex, Banco del Atlántico, Banpaís, Banca Unión (antes BCH) Banca Cremi, Banco del Noroeste de México (BANORO) Banco del Centro (BANCEN) Banco de Oriente (BANORIE) y Banca Confía, (antes Atlas).
Hay en el mercado otros bancos, que en términos políticos partidistas muy de moda ahora, forman la chiquillada del sistema financiero. Son instituciones con muy pocas y hasta una sola oficinas. Atienden básicamente nichos especiales de clientela. Algunos de estos son: Banco Industrial, aquí en Guadalajara, intervenido por hacienda, Banco Regional de Monterrey (BANREGIO) Banco del Bajío, que pretendió adquirir a Industrial, Bansí, también jalisciense, Banca Quadrum, Banco Imbursa, Ixe Banco, al que probablemente absorva Bajío, Ing Bank, Banco J.P.Morgan, Banca Afirme y dentro del sector semioficial Banco del Ejército y la Armada (BANJÉRCITO)
Dentro de la banca de fomento o gubernamental, persiste Nacional Financiera (NAFIN, Banco Nacional de Comercio Exterior (BANCOMEXT) y realizando funciones de primer piso como los privados, Banco de Crédito Rural y algún otro de este corte. Desapereció, por falta de interesados en su privatización, Banco Nacional de Comercio Interior (BNCI) antes Banco del Pequeño Comercio del Distrito Federal (BANPECO) que llegó a tener red nacional.
De los siete bancos mencionados de cobertura nacional que quedarán en unos meses, sólo dos ¿Por cuánto tiempo? conservan capital ciento por ciento mexicano: Banamex y Banorte, éste porque no ha habido quien lo compre ¡Qué triste y diferente es la situación de la supuestamente inquebrantable, orgullosa, sólida e incólume banca mexicana de antaño! (Nota, tomar en cuenta la fecha de emisión de la siguiente línea)
12042006.
En el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, 1988-94,
se aprobó la reprivitazación de la banca. De las más de sesenta instituciones
financieras que había antes de la estatización, arrancó la nueva banca mexicana
reprivatizada con sólo dieciocho. En menos de una década en poder del estado
habían desaparecido más de dos terceras partes.
Los nuevos
dueños adquirieron del gobierno una banca muy cara y deteriorada. Pero les
pareció que se trataba de las perlas de la virgen. Todos, salvo alguna honrosa
excepción, eran improvisados como banqueros, advenidos de casas de bolsa, de
los medios empresariales privado y político o simples oportunistas de altísimas
como sorpresivas riquezas. A fin de cuentas, todos influyentes y amigos de
Salinas o de su élite de poder.Creyeron los nuevos dueños del sistema financiero mexicano en las enormes espectativas de enriquecimiento que ofrecía el supuesto gran auge económico inmediato para el país, tan cacareado por el salinismo oficial y privado. Les urgía empezar a recuperar el desproporcionado precio que habían pagado por un negocio en teoría buenísimo, pero en la realidad, muy venido a menos durante la infausta estatización lopezportillista.
Así, abrieron y prodigaron el crédito mucho más allá de las reglas y normas saludables del mismo. En muchos casos con enormes anchura de manga y altura de pesos, destinados irresponsablemente a proyectos insustentables. Los favorecidos de muchos de estos despilfarros fueron grandes empresas proclives al sistema, amigos, políticos y sus partidos o simplemente auto préstamos para y entre los mismos banqueros. En este orden de cosas, la emisión múltiple de tarjetas de crédito para la más variada y disímbola masa de usuarios, fue un verdadero dispendio.
También diseñaron y construyeron en plan de gran lujo, pues se creían ya magnates del primer mundo, verdaderos elefantes blancos o núcleos corporativos que ahora están semi o totalmente desocupados, en espera de compradores o inquilinos. Muestras de estos elefantes blancos, sólo en Guadalajara, son el de Av. Chapultepec cruce con Hidalgo y Morelos, en lo que fue la anterior sede de la Cámara de Comercio, considerado el edificio más alto de la ciudad; la Torre Inverlat en la Av. de las Américas a la altura del Country Club en la colonia Providencia, y, para no mencionar más, el edificio corporativo del Banco del Atlántico en Av. Patria, por el rumbo del Parque de los Colomos.
De manera persistente, también estuvieron despidiendo personal valioso y fiel, supliéndolo con gente muchas veces inadecuada e inexperta, sin amor a la camiseta, que no tardó en provocar algunos problemas serios. Los despidos fueron en su mayoría mediante liquidaciones o jubilaciones prematuras, costosas, muchas veces a presión. No faltaron en esto, en ambas vertientes, casos de marcado favoritismo o de verdadera cacería. Por otra parte, así mismo, recibieron elementos contaminados ingresados en la etapa oficial.
Este estado de cosas, no obstante el descomunal despliegue propagandístico oficial y en parte también privado, dadas las circunstancias del maridaje descrito entre ambos sectores, no podía terminar bien, por más que se quisiera hacer ver lo contrario. El desastre se presentó el 19 de diciembre de 1994, a 19 días de haber entregado Salinas de Gortari el poder a Ernesto Zedillo. El gabinete económico del nuevo presidente desató ese día, a todas luces de manera insensata y prematura, los demonios de la devaluación, iniciando así la peor crisis recurrente económico-social de los últimos veinticinco años.
Las graves heridas de esta debacle financiera están todavía muy lejos de sanar, no obstante que a toda costa se nos diga lo contrario. Los aspirinoides intentos de solución no han atacado las causas u orígenes del problema.
La situación mandó a la quiebra a millones de empresas, principalmente micro, pequeñas y medianas ¡Cómo no! si los costos de los créditos bancarios llegaron a subir, en casos concretos, de un 23 hasta un 150% anual de intereses ¡Más de ocho veces! Nadie podía pagar, y menos mediando una paralización casi total de las actividades formales. Al derrumbe económico se agregó, como nunca antes, el daño moral, que a diferencia de las crisis sexenales anteriores, ha afectado muchísimo más esta vez.
No obstante las serias manifestaciones en contra y los graves problemas advenidos al país, el gobierno zedillista ha sido fiel continuador del sistema neoliberal de gobierno, a la mexicana, que Salinas de Gortari impulsara de manera tan viciada en el país. Las bondades que en otros países, principalmente desarrollados, pueda tener este sistema económico, en México, seguramente por la forma corrupta empleada, nadie puede negar que ha causado terribles daños.
La mitad del pueblo vive en la pobreza y la mitad de ésta en el desamparo extremo ¡Cincuenta y veinticinco millones respectivamente! Somos de los principales países con más supermillonarios del mundo, según las listas de Forbes y Fortune, en las que los banqueros mexicanos forman parte. En las listas de espera o antesala, hay varios connacionales más y otros que por derecho propio, si no ocultaran sus enormes capitales, ya deberían figurar en este club de ricos.
Para afrontar, o entretener, este descomunal problema económico y social, el gobierno decidió, con los recursos del erario, rescatar o alojar la cartera vencida de los bancos en el Fondo Bancario para la Protección del Ahorro, FOBAPROA, que luego cambió a Instituto para la Portección del Ahorro Bancario, IPAB. Ambos han sido materia de agrias, prolongadas y violentas discusiones en las Cámaras de Diputados y Senadores y en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
El IPAB aloja en su seno más de 800,000 millones de pesos ¡Cerca de 90 mil millones de dólares! Se encuentra incluida aquí la crema y nata de los mega créditos bancarios sucios mencionados antes. Grandes consorcios empresariales que siguen operando jugosos negocios tanto nacional como internacionalmente, neo banqueros y empresarios prófugos que el gobierno no puede, o no quiere enjuiciar y hasta algún partido político, engrosan este mundo de dinero.
Las espectativas más optimistas de recuperación por la venta de estos activos en el IPAB, no llegan a la tercera parte. Así pues, hablemos de cobrar, a plazo, en el mejor de los casos, unos $260,000 y perder $540,000 millones de pesos.
De las dieciocho instituciones de cobertura nacional o regional que iniciaron la nueva era bancaria, quedarán menos de la mitad en unos meses. Desaparecerá Serfin en el seno de Santander Mexicano, Promex en la fusión de BBVA y Bancomer y luego Bancrecer en quien lo compre, que será por unos platos de lentejas en relación con su costo de rescate, como sucedió con Serfín y con la extranjerización de Inverlat en beneficio del Banco de Nueva Escocia, de origen canadiense.
Quedaría la nómina bancaria del país por el momento así: BANAMEX, BBVA-BANCOMER, SANTANDER MEXICANO, BANORTE, BITAL, INVERLAT y CITIBANK. En el camino fueron quedando, por rescate federal entregando sus carteras de crédito vencidas al Fobaproa o Ipab y sus cuentas de depósitos a los bancos compradores, o por alianzas y fusiones, entre otros: Banco Mexicano, antes Mexicano Somex, Banco del Atlántico, Banpaís, Banca Unión (antes BCH) Banca Cremi, Banco del Noroeste de México (BANORO) Banco del Centro (BANCEN) Banco de Oriente (BANORIE) y Banca Confía, (antes Atlas).
Hay en el mercado otros bancos, que en términos políticos partidistas muy de moda ahora, forman la chiquillada del sistema financiero. Son instituciones con muy pocas y hasta una sola oficinas. Atienden básicamente nichos especiales de clientela. Algunos de estos son: Banco Industrial, aquí en Guadalajara, intervenido por hacienda, Banco Regional de Monterrey (BANREGIO) Banco del Bajío, que pretendió adquirir a Industrial, Bansí, también jalisciense, Banca Quadrum, Banco Imbursa, Ixe Banco, al que probablemente absorva Bajío, Ing Bank, Banco J.P.Morgan, Banca Afirme y dentro del sector semioficial Banco del Ejército y la Armada (BANJÉRCITO)
Dentro de la banca de fomento o gubernamental, persiste Nacional Financiera (NAFIN, Banco Nacional de Comercio Exterior (BANCOMEXT) y realizando funciones de primer piso como los privados, Banco de Crédito Rural y algún otro de este corte. Desapereció, por falta de interesados en su privatización, Banco Nacional de Comercio Interior (BNCI) antes Banco del Pequeño Comercio del Distrito Federal (BANPECO) que llegó a tener red nacional.
De los siete bancos mencionados de cobertura nacional que quedarán en unos meses, sólo dos ¿Por cuánto tiempo? conservan capital ciento por ciento mexicano: Banamex y Banorte, éste porque no ha habido quien lo compre ¡Qué triste y diferente es la situación de la supuestamente inquebrantable, orgullosa, sólida e incólume banca mexicana de antaño! (Nota, tomar en cuenta la fecha de emisión de la siguiente línea)
12042006.
LA BANCA EN MÉXICO
Uno de los principales problemas que ha venido
aquejando terriblemente al país, desde hace muchos años, es el económico.
Durante los últimos cinco sexenios priístas pasados las cosas fueron de mal en
peor. Esta treintena la inició el presidente Luis Echeverría Álvarez, 1970-76. A sólo 19 días de empezar
el quinto período, 1994-2000, de Ernesto Zedillo Ponce de León y recién terminado, el más nefasto de todos,
de Carlos Salinas de Gortari, 1988-94, el caótico error del 19 de diciembre de
1994 trajo el máximum de estas crisis recurrentes, cuyas consecuencias van aún
para largo de sanar.
Miguel dela Madrid Hurtado ,
1982-88, habiendo tenido más de una oportunidad, no quiso o no pudo hacer nada
por éste, ni por otros graves problemas del país. Carlos Salinas de Gortari, en
una inadecuada, maquiavélica y criminal en no pocos casos reprivatización de la
banca, y de otras mega empresas paraestatales, permitió el acceso de
prestanombres, improvisados y voraces nuevos banqueros, advenidos varios de
casas de bolsa, macro negocios ajenos al medio u otros oportunistas de amplias
y cuando menos, extrañas riquezas.
Oficialmente los precios pagados por los bancos fueron muy altos. Hubo protestas sobre la legalidad de la ingeniería financiera poco ortodoxa utilizada en las licitaciones. Conocidos y auténticos exbanqueros declinaron participar o fueron bloqueados en sus pretenciones para recomprar sus u otros bancos. Sólo uno, después de varios intentos, adquirió un banco, ajeno y bastante maltratado que a fin de cuentas, más pronto que tarde como otros, cambió a manos extranjeras.
Creyeron los neobanqueros en las supuestas y grandísimas espectativas económicas primermundistas de crecimiento del país, tan cacareadas por el salinismo oficial y privado, incluyendo contlapaches del medio internacional. Abrieron así el crédito irreflexivo y peligroso a manos llenas. Gran parte fueron operaciones mega millonarias amiguistas o abiertamente fraudulentas, concedidas con premeditada insanía. Se contravinieron de manera descarada y salaz las normas y criterios sanos para la concesión de préstamos. La respetabilidad tradicional del banquero mexicano cayó a su más ínfima categoría.
Recipientarios de estos exabruptos financieros fueron a veces los mismos nuevos banqueros, jerarcas políticos y sus partidos, o empresarios sin moral. Todos al fin, influyentes y amigos del sistema salinista dominante.
Como respuesta a este irresponsable y desastroso manejo tenía que venir el caos económico y social de muy difícil solución. El gobierno tuvo que crear el llamado rescate de la banca mediante, primero, del FOBAPROA, Fondo Bancario parala
Protección del Ahorro, ahora IPAB, Instituto para la Protección del Ahorro
Bancario.
El monto que guarda en su seno el IPAB es de más de 800,000 millones de pesos, compuestos de la cartera vencida de todos los deudores de la banca que no pudieron o no han querido pagar. En este monto están descontadas algunas recuperaciones que se han logrado. Se aspira a recuperar en forma adicional, según los representantes de este instituto, menos de un tercio de este mundo de dinero. La enorme y fatídica diferencia la pagaremos tarde o temprano, vía impuestos, todos los mexicanos.
Este enorme desbarajuste económico y moral nacional hizo quebrar a millones de empresarios micro, pequeños y medianos, que en número representan más del 90 porciento de la planta productiva del país. Las grandes y macro empresas representan el porcentaje restante, pero en pesos y centavos más del 80%.
La panza del IPAB está pues en gran parte llena con los adeudos de estas últimas y de las operaciones sucias mencionadas. Resultando, ¡suerte les ha dado Dios! que los responsables de semejantes desaguisados son los grandes beneficiados con cargo a la deuda pública, o sea, al pueblo mexicano.
La diferencia entre bancos y banqueros anteriores y de épocas aún más remotas a la estatización de 1982 y los de ahora, es sencillamente abismal. Antes el personal bancario hacía de su trabajo una verdadera, honorable y apasionada profesión, rica en conocimientos y vocación bancaria, no una pasarela oropelesca y oportunista que poco tiene de espíritu de servicio hacia el público demandante de sus servicios.
Todo empleado bancario empezaba a prepararse desde el día que ingresaba en el puesto más bajo con la mira, en un constante bien hacer, a ocupar de manera sucesiva puestos superiores hasta llegar, generalmente, a Gerente de Sucursal. Gran etapa, digamos carrera, que compendiaba un universo de conocimientos y relaciones con la clientela y la comunidad.
La estructura bancaria de entonces no contaba, ni remotamente, con los grandes adelantos electrónicos de ahora. Su personal a cambio brindaba y promovía con gran entusiasmo los mejores servicios a la clientela. El gerente, experto responsable y jefe nato de la sucursal, tenía amplios conocimientos y en consecuencia facultades económicas y morales absolutas para atender y sugerir el menú financiero que llegara a requerir su clientela y jurisdicción.
Las operaciones que llegaran a presentarse en exceso de sus facultades, mediante su propio análisis de viabilidad, las turnaba en tiempo y espacio a su superioridad correspondiente, ya fuera una Gerencia o Dirección Regional. Entraban en esto casos de excepción, por ejemplo, clientes propios o de otras sucursales con operaciones regionales, nacionales o en el extranjero. Este funcionario aparte de un real y verdadero experto en conocimientos bancarios, tenía que ser probo a cabalidad para que sus actos bancarios y personales contaran con la credibilidad de la sociedad.
Ahora las cosas son muy distintas. Los gerentes, si resisten este calificativo, son individuos de baja capacitación y menores facultades o atribuciones para operar, no se diga promover, los negocios y servicios propios e inherentes a la banca mexicana, que al degradarse tanto perdió su primordial y básica función: la de prestar dinero ética y responsablemente, cayendo como consecuencia en una especie de limbo compartido con el desdén del público usuario. (Nota, tomar en cuenta la fecha de emisión de la línea siguiente)
14112003.
El gobierno de Vicente Fox necesariamente tendrá que
hacer, ante miles de adversidades de toda índole, una titánica, inteligente y
honrada labor que alivie las heridas de un
arisco y maltratado pueblo mexicano, víctima de la malsana hegemonía de
un septuagenario sistema de gobierno.
La banca mexicana fue hasta principios de los
ochentas, un respetuoso y respetable acreditado intermediario financiero en el
desarrollo económico de México. El 1 de septiembre de 1982 se produjo la
malhadada, esquizofrénica e inconstitucional estatización del presidente José
López Portillo, 1976-82. La banca, no obstante, ya había venido sufriendo
presiones crecientes de los gobiernos anteriores. Miguel de
Oficialmente los precios pagados por los bancos fueron muy altos. Hubo protestas sobre la legalidad de la ingeniería financiera poco ortodoxa utilizada en las licitaciones. Conocidos y auténticos exbanqueros declinaron participar o fueron bloqueados en sus pretenciones para recomprar sus u otros bancos. Sólo uno, después de varios intentos, adquirió un banco, ajeno y bastante maltratado que a fin de cuentas, más pronto que tarde como otros, cambió a manos extranjeras.
Creyeron los neobanqueros en las supuestas y grandísimas espectativas económicas primermundistas de crecimiento del país, tan cacareadas por el salinismo oficial y privado, incluyendo contlapaches del medio internacional. Abrieron así el crédito irreflexivo y peligroso a manos llenas. Gran parte fueron operaciones mega millonarias amiguistas o abiertamente fraudulentas, concedidas con premeditada insanía. Se contravinieron de manera descarada y salaz las normas y criterios sanos para la concesión de préstamos. La respetabilidad tradicional del banquero mexicano cayó a su más ínfima categoría.
Recipientarios de estos exabruptos financieros fueron a veces los mismos nuevos banqueros, jerarcas políticos y sus partidos, o empresarios sin moral. Todos al fin, influyentes y amigos del sistema salinista dominante.
Como respuesta a este irresponsable y desastroso manejo tenía que venir el caos económico y social de muy difícil solución. El gobierno tuvo que crear el llamado rescate de la banca mediante, primero, del FOBAPROA, Fondo Bancario para
El monto que guarda en su seno el IPAB es de más de 800,000 millones de pesos, compuestos de la cartera vencida de todos los deudores de la banca que no pudieron o no han querido pagar. En este monto están descontadas algunas recuperaciones que se han logrado. Se aspira a recuperar en forma adicional, según los representantes de este instituto, menos de un tercio de este mundo de dinero. La enorme y fatídica diferencia la pagaremos tarde o temprano, vía impuestos, todos los mexicanos.
Este enorme desbarajuste económico y moral nacional hizo quebrar a millones de empresarios micro, pequeños y medianos, que en número representan más del 90 porciento de la planta productiva del país. Las grandes y macro empresas representan el porcentaje restante, pero en pesos y centavos más del 80%.
La panza del IPAB está pues en gran parte llena con los adeudos de estas últimas y de las operaciones sucias mencionadas. Resultando, ¡suerte les ha dado Dios! que los responsables de semejantes desaguisados son los grandes beneficiados con cargo a la deuda pública, o sea, al pueblo mexicano.
La diferencia entre bancos y banqueros anteriores y de épocas aún más remotas a la estatización de 1982 y los de ahora, es sencillamente abismal. Antes el personal bancario hacía de su trabajo una verdadera, honorable y apasionada profesión, rica en conocimientos y vocación bancaria, no una pasarela oropelesca y oportunista que poco tiene de espíritu de servicio hacia el público demandante de sus servicios.
Todo empleado bancario empezaba a prepararse desde el día que ingresaba en el puesto más bajo con la mira, en un constante bien hacer, a ocupar de manera sucesiva puestos superiores hasta llegar, generalmente, a Gerente de Sucursal. Gran etapa, digamos carrera, que compendiaba un universo de conocimientos y relaciones con la clientela y la comunidad.
La estructura bancaria de entonces no contaba, ni remotamente, con los grandes adelantos electrónicos de ahora. Su personal a cambio brindaba y promovía con gran entusiasmo los mejores servicios a la clientela. El gerente, experto responsable y jefe nato de la sucursal, tenía amplios conocimientos y en consecuencia facultades económicas y morales absolutas para atender y sugerir el menú financiero que llegara a requerir su clientela y jurisdicción.
Las operaciones que llegaran a presentarse en exceso de sus facultades, mediante su propio análisis de viabilidad, las turnaba en tiempo y espacio a su superioridad correspondiente, ya fuera una Gerencia o Dirección Regional. Entraban en esto casos de excepción, por ejemplo, clientes propios o de otras sucursales con operaciones regionales, nacionales o en el extranjero. Este funcionario aparte de un real y verdadero experto en conocimientos bancarios, tenía que ser probo a cabalidad para que sus actos bancarios y personales contaran con la credibilidad de la sociedad.
Ahora las cosas son muy distintas. Los gerentes, si resisten este calificativo, son individuos de baja capacitación y menores facultades o atribuciones para operar, no se diga promover, los negocios y servicios propios e inherentes a la banca mexicana, que al degradarse tanto perdió su primordial y básica función: la de prestar dinero ética y responsablemente, cayendo como consecuencia en una especie de limbo compartido con el desdén del público usuario. (Nota, tomar en cuenta la fecha de emisión de la línea siguiente)
14112003.
COSAS DE LA CRISIS
Una de estas tardes circulando por la calle de Juan
Manuel, de poniente a oriente, donde ésta toma su nombre y con San Felipe en
su intersección dan lugar al nacimiento
de la Avenida México hacia el poniente a partir de Chapultepec Norte, de esta
nuestra Perla Tapatía, intempestivamente
en el alto de Ramos Millán me abordó una dama por mi lado del volante. Iba
distraído como casi es normal que conduzca y no es raro que amigos o conocidos usen el claxon o me llamen en voz alta si van
caminando.
El caso es que estaba angustiada, sola, con problemas económicos, según sus explicaciones y... ¡de buen ver! … De mediana edad, unos treinta a treinta y cinco años, morena clara, grandes ojos negros como sus arqueadas cejas casi juntas y sus enormes pestañas ,,, ¡un hermoso ejemplar tapatío, pues! … Yo, decía ella, tan caballero y guapo como siempre.
Para esto, había ya recapacitado en la situación. Los asaltos, el sida, mi retiro desde años atrás de este tipo de negocios transitorios. Además andaba escaso de dinero: ¡He aquí una ventaja insospechada de la crisis! ¿Sería una trampa o no? Antaño estaría probablemente yendo a manejar el asunto en otro lugar y en otra realidad o ... ¡en problemas!
A lo mejor leyó mis pensamientos en uno y otro sentido. O vio como toda mujer que sabe lo suyo, que yo no era cabra que daría leche. No sé. Se mostró más obsequiosa y luego, habiendo recorrido unas cuadras más, tan fácil como se subió me pidió que la bajara. Me dio un beso y las gracias por un billete de mediana denominación que le obsequié y ella aceptó de buen grado.
Me sacó esta dama de una manera sutil y familiar de
donde andaba yo con mis divagaciones cotidianas. Normalmente son éstas el
repaso de las broncas en que me he metido por la crisis económica. Al caso va
que en menos que se los cuento ya tenía yo a la dama sentada a mi derecha en el
coche, del que casi siempre traigo sin seguro sus puertas.
Si la conocía o ella a mí como aseguraba, para nada
lo recordé. Tal vez sí haya sido gerente de relaciones del restaurant que
mencionó, al que como a otros muchos fui, en otros tiempos, asiduo asistente con amigos, proveedores, o
clientes. El caso es que estaba angustiada, sola, con problemas económicos, según sus explicaciones y... ¡de buen ver! … De mediana edad, unos treinta a treinta y cinco años, morena clara, grandes ojos negros como sus arqueadas cejas casi juntas y sus enormes pestañas ,,, ¡un hermoso ejemplar tapatío, pues! … Yo, decía ella, tan caballero y guapo como siempre.
Para esto, había ya recapacitado en la situación. Los asaltos, el sida, mi retiro desde años atrás de este tipo de negocios transitorios. Además andaba escaso de dinero: ¡He aquí una ventaja insospechada de la crisis! ¿Sería una trampa o no? Antaño estaría probablemente yendo a manejar el asunto en otro lugar y en otra realidad o ... ¡en problemas!
A lo mejor leyó mis pensamientos en uno y otro sentido. O vio como toda mujer que sabe lo suyo, que yo no era cabra que daría leche. No sé. Se mostró más obsequiosa y luego, habiendo recorrido unas cuadras más, tan fácil como se subió me pidió que la bajara. Me dio un beso y las gracias por un billete de mediana denominación que le obsequié y ella aceptó de buen grado.
INTERCEPCIÓN TELEFÓNICA
El personal ya se había retirado. Me quedé a
terminar algunos pendientes, antes de asistir, como ya era costumbre, a la
reunión comida sabatina con un grupo de clientes del centro de la ciudad. Tuve
que contestar varias llamadas telefónicas, entre ellas una de mi esposa
preguntándome sobre unas cosas para la también sabatina reunión cena de ese
mismo día, con el grupo de matrimonios amigos de la colonia, que nos tocaba
presidir.
Al contestar noté el sonidito o clic propio de que alguien más estaría conectado y lo di por hecho. Impliqué instantánea e intuitivamente la propuesta íntima recibida a una supuesta operación bancaria lógica para su esposo, a tratar el lunes siguiente.
Después de la comida, que siempre se prolongaba hasta preludiar la noche, llegué como siempre a tiempo para la reunión nocturna con el grupo de vecinos de la colonia, que componíamos nueve parejas.
El tema de las esposas concurrentes, terciando algunos de los cónyuges, fue la llamada del excitante capricho femenino, con el enlazamiento desde la central, a cuando menos dos auriculares más, el que contestaba mi esposa y el de una tercera dama apropiada del grupo, para que lo cacareara a todo color en la reunión.
Que la señora ya estaba para otros trotes, que no, que todavía aguantaba. Que por su culpa el marido no daba una en los negocios desde hacía años, que por ella había conseguido buenos ídem, y como muestra estaban los contratos que papá político le había conseguido en el gobierno del estado. Que con la mandamás de la telefónica eran tal para cual, pero que con menos chance por vieja y no poder espiar como la otra. Que la segunda no se aventaba tanto, porque tenía su amigo en turno al que le tenía que guardar, si no respeto, sí consideraciones por el apoyo económico que recibía. Y otros chismes por el estilo.
Unos meses después en el hotel donde se hospedaba una amiga y también atractiva cliente foránea, sus llamadas telefónicas fueron seguidas con toda precisión, haciéndome echar mano de las mejores estratagemas para mantener a salvo los asuntos que teníamos que tratar.
Lo comenté con un amigo y cliente de confianza. Me informó de varios casos similares y algunos con consecuencias mayores. Que lo sabían sus jefes de la dirección estatal de la telefónica, pero no hacían nada porque alguien arriba la protegía.
Que en el evento del senador, había confesado su inclinación por el invitado principal, y que la parienta del anfitrión no le preocupaba, sino un poco su aspecto de formalidad y aparente seguridad en sí mismo que iba a costar trabajo derrumbar.
Durante mi estancia en la plaza, manejamos con cierta frecuencia asuntos de trabajo, siempre en ese estricto sentido teniendo en cuenta su inclinación al espionaje telefónico, además de que mantenía supuestas relaciones con uno o dos clientes y personajes conocidos del lugar.
Como a las dos y media contesté la última, no
relacionada con las actividades del
banco.
Era de una señora que había conocido unos días
antes en la cena de bienvenida que me había ofrecido uno de los principales empresarios
y político relevante de la localidad, de quien el esposo de la señora era
pariente. El buen porte de la señora no nos pasó desapercibido en el ágape a
ninguno de los presentes, como tampoco el de otra dama igualmente atractiva,
encargada de la compañía de teléfonos, que en una ciudad chica, independientemente
de sus prendas personales, la convertía en personaje importante, No se
necesitaba mucho para entender luego que ambas damas rivalizaban en lo que
provocaba su belleza en la concurrencia.
Al contestar noté el sonidito o clic propio de que alguien más estaría conectado y lo di por hecho. Impliqué instantánea e intuitivamente la propuesta íntima recibida a una supuesta operación bancaria lógica para su esposo, a tratar el lunes siguiente.
Después de la comida, que siempre se prolongaba hasta preludiar la noche, llegué como siempre a tiempo para la reunión nocturna con el grupo de vecinos de la colonia, que componíamos nueve parejas.
El tema de las esposas concurrentes, terciando algunos de los cónyuges, fue la llamada del excitante capricho femenino, con el enlazamiento desde la central, a cuando menos dos auriculares más, el que contestaba mi esposa y el de una tercera dama apropiada del grupo, para que lo cacareara a todo color en la reunión.
Que la señora ya estaba para otros trotes, que no, que todavía aguantaba. Que por su culpa el marido no daba una en los negocios desde hacía años, que por ella había conseguido buenos ídem, y como muestra estaban los contratos que papá político le había conseguido en el gobierno del estado. Que con la mandamás de la telefónica eran tal para cual, pero que con menos chance por vieja y no poder espiar como la otra. Que la segunda no se aventaba tanto, porque tenía su amigo en turno al que le tenía que guardar, si no respeto, sí consideraciones por el apoyo económico que recibía. Y otros chismes por el estilo.
Unos meses después en el hotel donde se hospedaba una amiga y también atractiva cliente foránea, sus llamadas telefónicas fueron seguidas con toda precisión, haciéndome echar mano de las mejores estratagemas para mantener a salvo los asuntos que teníamos que tratar.
Lo comenté con un amigo y cliente de confianza. Me informó de varios casos similares y algunos con consecuencias mayores. Que lo sabían sus jefes de la dirección estatal de la telefónica, pero no hacían nada porque alguien arriba la protegía.
Que en el evento del senador, había confesado su inclinación por el invitado principal, y que la parienta del anfitrión no le preocupaba, sino un poco su aspecto de formalidad y aparente seguridad en sí mismo que iba a costar trabajo derrumbar.
Durante mi estancia en la plaza, manejamos con cierta frecuencia asuntos de trabajo, siempre en ese estricto sentido teniendo en cuenta su inclinación al espionaje telefónico, además de que mantenía supuestas relaciones con uno o dos clientes y personajes conocidos del lugar.
UN ASUNTO COMPLICADO
Era una señora de todo el pueblo conocida;
medio sirvienta, medio celestina. Llegó un día al banco allá por los sesentas
del pasado siglo veinte, a ofrecerles una vez más, y en esta ocasión con suma presunción, un par de mujeres a dos
empleados que en el banco estaban uno al lado del otro. Supuestamente con las dos
jóvenes pupilas que había conseguido, iban a quedar encantados, lo mismo que
ellas con tales galanes.
Pasados unos instantes el ocupante abrió, a medio vestir. Era un hombre conocido que vivía en otro lado del pueblo. Traía un enorme cuchillo en la mano y luego de una selección de lacónicas y altisonantes palabras, a la respuesta de “buscamos lo mismo que usted” le lanzó al joven unos lances con el arma de cargador del mercado donde laboraba, que éste con la reacción y agilidad que da el miedo y la plena juventud, esquivó como consumado duelista. El viejo hizo una pequeña pausa y reflexionando, contestó “es al otro lado, babosos pendejos hijos de la chingada”
Les abrieron al lado de inmediato. Que sí se habían dado cuenta de su llegada, pero por precaución tenían prohibido abrir así nomás.
-Bueno ¿Y las muchachas?
-Pues nosotras somos. ¿Apoco no les gustamos? Yo nomás tengo veintiocho y mi amiga treinta.
-Hecho su buen descuento ¿Verdad? Pero viéndolas bien y después de las trifulcas, todavía aguantan.
Así los dos amigos y compañeros, pasaron una larga velada con las dos maduritas damas.
Al día siguiente se presentó la alcahueta mujer en el banco, disculpándose con sus apenas conseguidos nuevos clientes. Les aseguró que sí tenía las primicias que les había ofrecido, pero que, enterado del hallazgo tuvo que cedérselas, a uno de sus principales y antiguos clientes, no sin aclararle que la iba a hacer quedar mal con el compromiso adquirido.
En esta ocasión, a diferencia de las anteriores,
los adulados muchachos, por la verborrea de la lenona mujer, aceptaron hacer la
incursión esa noche a una casa, cuyas señas ya conocían pero ella les precisó por
si había dudas. Como a las diez y media de la noche, cuando el pueblo estaba
casi ausente de transeúntes, llegaron los dos un tanto novatos hombres de
mundo.
Había dos casas juntas muy parecidas, que
respondían a las señas indicadas. ¿Cuál será? que ésta, no, que la otra. El más
aventado de los muchachos tocó en una. Ni quién diera señas de vida. Continúo
tocando, claro con sigilo y precaución, hasta que una voz de hombre incomodado
contestó que qué demonios buscaban y se quedó en calma. El demandante llamó de
nuevo. Pasados unos instantes el ocupante abrió, a medio vestir. Era un hombre conocido que vivía en otro lado del pueblo. Traía un enorme cuchillo en la mano y luego de una selección de lacónicas y altisonantes palabras, a la respuesta de “buscamos lo mismo que usted” le lanzó al joven unos lances con el arma de cargador del mercado donde laboraba, que éste con la reacción y agilidad que da el miedo y la plena juventud, esquivó como consumado duelista. El viejo hizo una pequeña pausa y reflexionando, contestó “es al otro lado, babosos pendejos hijos de la chingada”
Les abrieron al lado de inmediato. Que sí se habían dado cuenta de su llegada, pero por precaución tenían prohibido abrir así nomás.
-Bueno ¿Y las muchachas?
-Pues nosotras somos. ¿Apoco no les gustamos? Yo nomás tengo veintiocho y mi amiga treinta.
-Hecho su buen descuento ¿Verdad? Pero viéndolas bien y después de las trifulcas, todavía aguantan.
Así los dos amigos y compañeros, pasaron una larga velada con las dos maduritas damas.
Al día siguiente se presentó la alcahueta mujer en el banco, disculpándose con sus apenas conseguidos nuevos clientes. Les aseguró que sí tenía las primicias que les había ofrecido, pero que, enterado del hallazgo tuvo que cedérselas, a uno de sus principales y antiguos clientes, no sin aclararle que la iba a hacer quedar mal con el compromiso adquirido.
PÉRDIDAS DE TIEMPO
Con frecuencia se pierden tiempo y logros en
nuestras actividades por impuntualidad y falta de atingencia con que a veces se
manejan las cuestiones de trabajo. Sucede mucho, por ejemplo, en entrevistas de
negocios y juntas de diversos tipos.
En el análisis de asuntos no faltan asistentes despistados, exhibicionistas o retrasados que repiten y obstaculizan las aportaciones valiosas de los demás. También hay otros que por desconocimiento o terquedad insisten en asuntos ya condensados o no contemplados en el orden del día.
En cuanto a entrevistas personales, donde la contienda es directa y habrá de cualquier modo un ganador y un perdedor, o cuando menos una ventaja y una desventaja ostensibles, concurren circunstancias, como desatenciones, faltas de tacto, documentos o datos omisos y más grave, desconocimiento de las características importantes de los productos o servicios que se ofrecen. También se suele andar con rodeos o insistencias vanas tratando de defender lo indefendible, o no retirarse a tiempo y con decoro, solicitando otra oportunidad si es del caso.
Hace algún tiempo me tocó presidir la asamblea de una asociación civil que felizmente obtuvo buenos resultados no obstante una mesa directiva un tanto bisoña y una asistencia bastante heterogénea de poco más de 150 socios.
Antes de iniciar la sesión algunos miembros del presidium proponían reducir el apretado orden del día previendo no colgarnos del tiempo programado. Logré que no se hiciera modificación alguna puesto que todos los puntos eran sustanciales al objetivo perseguido. Mediante una estimación de tiempo para cada tema, anotado en la hoja de trabajo, con reloj en frente no visible a los concurrentes, se fueron despachando y desalojando dudas y objeciones con sustento, para llegar a la aprobación conveniente de la agenda.
El borrador de este escrito lo pergeñé en la sala de espera de un organismo descentralizado mientras esperaba el inicio de una plática representando mi actividad empresarial como consejero de la Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara. Se me había citado por equívoco media hora antes y el funcionario oficial se retrasó además otra media hora. Una hora, permítaseme decir, que no fue perdida.
Es frecuente llegar tarde o no estar presente la
contraparte, así como faltar alguno de los convocados si se trata de reuniones.
El que llega tarde a su compromiso, debiera tomarse muy en cuenta, ya lleva una
parte perdida de su negocio. No es raro que se cite en diferentes horarios o
estos se confundan o bien, que algún
miembro proteste en este sentido para encubrir su impuntualidad.
Presentes las partes y dado por bueno un quórum,
muchas veces hay otras anomalías.
Embrollos y disquisiciones ajenos a los temas a tratar, empleo de
tiempos valiosos sin aclarar y hasta alejar los puntos de consenso y terminar
sin conclusiones, con mayores interrogantes o la pérdida de voluntad y hasta el
alejamiento temporal o definitivo de participantes importantes. En el análisis de asuntos no faltan asistentes despistados, exhibicionistas o retrasados que repiten y obstaculizan las aportaciones valiosas de los demás. También hay otros que por desconocimiento o terquedad insisten en asuntos ya condensados o no contemplados en el orden del día.
En cuanto a entrevistas personales, donde la contienda es directa y habrá de cualquier modo un ganador y un perdedor, o cuando menos una ventaja y una desventaja ostensibles, concurren circunstancias, como desatenciones, faltas de tacto, documentos o datos omisos y más grave, desconocimiento de las características importantes de los productos o servicios que se ofrecen. También se suele andar con rodeos o insistencias vanas tratando de defender lo indefendible, o no retirarse a tiempo y con decoro, solicitando otra oportunidad si es del caso.
Hace algún tiempo me tocó presidir la asamblea de una asociación civil que felizmente obtuvo buenos resultados no obstante una mesa directiva un tanto bisoña y una asistencia bastante heterogénea de poco más de 150 socios.
Antes de iniciar la sesión algunos miembros del presidium proponían reducir el apretado orden del día previendo no colgarnos del tiempo programado. Logré que no se hiciera modificación alguna puesto que todos los puntos eran sustanciales al objetivo perseguido. Mediante una estimación de tiempo para cada tema, anotado en la hoja de trabajo, con reloj en frente no visible a los concurrentes, se fueron despachando y desalojando dudas y objeciones con sustento, para llegar a la aprobación conveniente de la agenda.
El borrador de este escrito lo pergeñé en la sala de espera de un organismo descentralizado mientras esperaba el inicio de una plática representando mi actividad empresarial como consejero de la Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara. Se me había citado por equívoco media hora antes y el funcionario oficial se retrasó además otra media hora. Una hora, permítaseme decir, que no fue perdida.
UN GERENTE EXCEPCIONAL
Don Rafael Flores y Flores le adeudaba mucho dinero
al banco. Sus negocios por causas fortuitas, habían sufrido graves contratiempos
hacía algunos años. Cosechas perdidas por malos temporales de lluvias y en
consecuencia, por falta de pastos y agua en sus bordos, sus ganados no estaban
en buenas condiciones. Aparte había sufrido una invasión de paracaidistas
ejidales que le costó tiempo y dinero solucionar legalmente.
En el inter, bajo su riesgo, el gerente, había seguido suministrando al cliente los recursos necesarios de supervivencia. Así, al no desmejorar más el rancho, conservarían su pleno valor las garantías y el cliente podría llevar a buen término la operación de los inmuebles. Los créditos y sus respectivos intereses, incluso moratorios, fueron liquidados totalmente, no sufriendo el banco quebranto alguno, y la su imagen del Sr. Murguía se vio acrecentada.
Este es un caso, junto con muchos otros, que tenían un resultado positivo en la banca de antes. Los clientes confiaban casi a ciegas en su gerente. La importancia de este personaje era tal que se comparaba, muchas veces con ventaja, con la de las autoridades políticas y eclesiásticas del medio. En la actualidad es raro que se den estas circunstancias. En primer lugar porque ya no hay gerentes de sucursal con facultades in situ que resuelvan en caliente, bien y con toda oportunidad las necesidades de los clientes. La filosofía y objetivos de los altos mandos bancarios son ahora distintos, como también la respuesta favorable e incondicional de sus funcionarios y empleados y también de la clientela en general.
Hoy en día las resoluciones de los servicios bancarios son manejadas por ejecutivos de cuenta u otros funcionarios, en ningún caso destinados permanentes en las sucursales. Se carece del tradicional y continúo trato humano y personal con clientes y prospectos. El gerente actual es un simple operador de servicios, acaso con un mínimo de facultades para las operaciones más comunes. Los costosos sistemas de cómputo que ni en sueños se pensaba antaño, ahora indispensables, han contribuido en mucho a la deshumanización bancaria. La estatización y luego la reprivatización, ambos acontecimientos manejados con falaz insanía por las autoridades y muchos de los nuevos banqueros, jugaron un papel determinante en el enorme deterioro y quiebra de la banca mexicana, que al momento está prácticamente toda en manos extranjeras.
Varios vencimientos de los contratos de sus créditos
preferentes, avíos y refaccionarios, con garantías naturales e hipotecarias
suficientes, habían tenido que ser prorrogados. En esto contó mucho la voluntad,
confianza y visión del gerente, don Amador Murguía Blancarte, quien confiaba mucho
la responsabilidad del Sr. Flores. Este
señor contaba además con otras propiedades valiosas en Guadalajara, entre
otras, inmuebles urbanos en la zona de San Juan de Dios al oriente inmediato de
la Calzada Independencia, adyacentes a la antigua Plaza de Toros El Progreso.
Las fincas
valían muchas veces el importe de los créditos. Quería venderlas pero la
operación se había ido retrasando por el proyecto del gobierno, varias veces
aplazado, de la Plaza Tapatía. Dicho proyecto fue llevado a cabo hasta en el
gobierno estatal de Flavio Romero de Velasco 1977-1983, abarcó nueve manzanas
de poniente a oriente de la ciudad, a
partir del Teatro Degollado en el Sector Hidalgo, hasta el Hospicio Cabañas en
el Sector Libertad, incluida la construcción del primer túnel subterráneo de
Guadalajara, por la calle Hidalgo que arrancaría en el cruce de Zaragoza
con puente elevado en la Calzada
Independencia.
La Gerencia Regional, presidida entonces por don
Leopoldo Morales Solorzano, no estaba de acuerdo con las esperas concedidas, y había
ordenado tajantemente que se procediera de manera legal. Pero don Amador sostenía
su posición. Gozaba como funcionario del banco y como persona, alta estima y
aprecio de la clientela y de la comunidad. El asunto se convirtió en un estira
y afloja muy fuerte entre ambos funcionarios. Al tiempo el Sr. Flores hizo buen
negocio con las autoridades estatales, con todo y que tuvo que sacrificar el
precio y esperar algún tiempo para que le pagaran. En el inter, bajo su riesgo, el gerente, había seguido suministrando al cliente los recursos necesarios de supervivencia. Así, al no desmejorar más el rancho, conservarían su pleno valor las garantías y el cliente podría llevar a buen término la operación de los inmuebles. Los créditos y sus respectivos intereses, incluso moratorios, fueron liquidados totalmente, no sufriendo el banco quebranto alguno, y la su imagen del Sr. Murguía se vio acrecentada.
Este es un caso, junto con muchos otros, que tenían un resultado positivo en la banca de antes. Los clientes confiaban casi a ciegas en su gerente. La importancia de este personaje era tal que se comparaba, muchas veces con ventaja, con la de las autoridades políticas y eclesiásticas del medio. En la actualidad es raro que se den estas circunstancias. En primer lugar porque ya no hay gerentes de sucursal con facultades in situ que resuelvan en caliente, bien y con toda oportunidad las necesidades de los clientes. La filosofía y objetivos de los altos mandos bancarios son ahora distintos, como también la respuesta favorable e incondicional de sus funcionarios y empleados y también de la clientela en general.
Hoy en día las resoluciones de los servicios bancarios son manejadas por ejecutivos de cuenta u otros funcionarios, en ningún caso destinados permanentes en las sucursales. Se carece del tradicional y continúo trato humano y personal con clientes y prospectos. El gerente actual es un simple operador de servicios, acaso con un mínimo de facultades para las operaciones más comunes. Los costosos sistemas de cómputo que ni en sueños se pensaba antaño, ahora indispensables, han contribuido en mucho a la deshumanización bancaria. La estatización y luego la reprivatización, ambos acontecimientos manejados con falaz insanía por las autoridades y muchos de los nuevos banqueros, jugaron un papel determinante en el enorme deterioro y quiebra de la banca mexicana, que al momento está prácticamente toda en manos extranjeras.
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